Álvaro Morales

El académico y abogado oaxaqueño Felipe Víctor Jiménez Lázaro condenó las negociaciones hechas por los grupos políticos que en mayo pasado se disputaron el control de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), pues con ello únicamente se beneficiaron cúpulas y se continuó con el desprestigio de la otrora máxima casa de estudios de la entidad.

Por una parte, el también activista sostuvo que la figura del ex secretario de Finanzas, Farid Acevedo López, ahora Rector, representa la “llegada” del Poder Ejecutivo en la vida universitaria, pero también criticó que el candidato perdedor, Enrique Martínez Martínez y sus colaboradores cercanos, hayan accedido a negociar y acordar cuotas con un sector al que dijeron combatir y acusaron de corrupción.

“Lo trascendente no es que ya tengamos Rector. Lo verdaderamente importante es que esa autonomía sigue utilizándose como pretexto y como comodín para justificar todo”, lamentó a través de un ejercicio de opinión divulgado en redes sociales.

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“Basta observar a algunos de los autoproclamados defensores de la autonomía y representantes legales de Enrique Martínez, que, a pesar del resultado adverso en los tribunales, hoy disfrutan de carteras, espacios y posiciones junto a aquellos a quienes tanto criticaron y combatieron”, señaló.

Lo anterior evidencia que entre los integrantes del sector opositor no existe ni “un poco de dignidad ni de respeto por el espíritu universitario”.

Apuntó: “Lo reprochable es la falta de congruencia de ambos lados. En nombre de la defensa de la autonomía y de la academia, se terminó haciendo exactamente lo que siempre se había denunciado: validar malas prácticas, negociar con quienes fueron señalados como fraudulentos, con quienes supuestamente violaron la autonomía, con los caciques, las familias de poder, los grupos de interés y los porros, para finalmente integrarse a ellos.

“Ahí está la autonomía que tanto defendían hacia afuera y por la que tanto se desgañitaban. Ahora son parte de quienes ocupan los espacios de poder, formando parte del mismo grupo compacto de intereses y complicidades. ¡Qué enorme incongruencia! Por eso, los verdaderos universitarios ya no creen, o ya no deberían creer, en los cantos de sirena”, reiteró.

Sostuvo que la autonomía parece haberse convertido únicamente en un pretexto para negociar el botín.

“Esa es la triste autonomía que hemos construido y que hemos querido preservar. Que nadie se atreva a decir que fue violada o que no existe, porque, para la clase política universitaria, la autonomía parece ser sinónimo de mantener el statu quo, de aparentar que todo cambia para que, en realidad, nada cambie”.

Afirmó que lo ocurrido en el pasado proceso electoral está muy lejos de generar orgullo dentro de la comunidad universitaria y también entre quienes observan desde fuera a nuestra institución.

“Habrá que esperar tiempos mejores para abrir un debate sincero sobre la necesidad de reformar la Ley Orgánica y replantear el diseño institucional de la universidad; solo así será posible construir una institución acorde con los nuevos tiempos y capaz de responder a los enormes desafíos académicos, científicos y sociales que enfrenta Oaxaca y el país.

La verdadera defensa de la universidad no consiste en repetir la palabra autonomía, sino en hacer de ella una herramienta para transformar la realidad universitaria y elevar la calidad de la educación pública”.

Al comienzo de su escrito, indicó que después de una larga espera para conocer la definición de la elección de rector de la UABJO entre Farid Cruz Acevedo y Enrique Martínez Martínez, “el espectáculo terminó y el telón se cerró con la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que, en los hechos, no modificó la decisión de la Comisión Electoral Universitaria de darle el triunfo al C.P. Farid.

“Sin embargo, ello no borrará de la percepción de la sociedad oaxaqueña la idea de una elección desaseada, opaca, inequitativa, parcial y marcada por la entrada de la llamada Primavera al campus universitario. Ahora solo queda esperar las consecuencias que ello traerá consigo”.

Sostuvo que el tribunal hizo lo que mejor sabe hacer: “darle la vuelta a los asuntos. Era previsible, sobre todo cuando los responsables de la estrategia jurídica optaron únicamente por los mecanismos legales tradicionales y se cerraron a explorar nuevas vías. Entre ellas, la posibilidad de involucrar a organizaciones sociales para influir en el debate jurídico y político mediante la figura del amicus curiae ante el Juez de Distrito”.

Por ello, “el Tribunal, fiel a sus precedentes, se pronunció sobre la forma y no sobre el fondo, confirmando lo que ya se anticipaba. Al declararse incompetente, evitó abrir una discusión de mayor calado sobre el papel de la autonomía universitaria en estos tiempos posmodernos y de supuesta transformación, especialmente cuando nadie se lo estaba planteando de manera directa.

“Mientras tanto, faridistas y enriquistas ya negociaron y ya se repartieron el pastel. Esa es la autonomía en la práctica; la autonomía concreta y material. Ángeles y demonios convivirán nuevamente sin que la autonomía haya sufrido rasguño alguno”.