Existe una forma de fracasar en el servicio público que rara vez provoca escándalos, pero cuyos efectos son tan devastadores como la corrupción. No consiste en desviar recursos ni en apropiarse del dinero público. Consiste en algo aparentemente más simple, pero igual de costoso para la sociedad: no ejercerlo. 

Un presupuesto inmóvil, atrapado en la burocracia o en la incapacidad administrativa, representa hospitales que siguen sin medicamentos, escuelas que continúan deteriorándose, carreteras que permanecen destruidas y comunidades enteras que ven pasar otro año sin que las promesas oficiales se conviertan en realidades.

Ese parece ser uno de los mayores problemas que enfrenta el gobierno de Salomón Jara Cruz. Mientras ellos insisten en hablar de una “Primavera Oaxaqueña” que presume orden financiero, inversiones históricas y un cambio de régimen, la ejecución del gasto revela una historia completamente distinta. 

Porque gobernar no consiste en anunciar presupuestos cada vez más grandes; consiste en convertir esos recursos en bienestar para la población. Y cuando el dinero permanece sin ejercerse, el discurso deja de tener sentido.

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Es de escándalo todo el dinero que algunas dependencias dejaron de ejercer en 2025 y aun cuando no se tiene todavía los resultados del 2026 porque eso será hasta el cierre del presente ejercicio fiscal, son capaces de repetir las mismas atrocidades porque no saben cómo aplicar los dineros.

LAS CIFRAS OFICIALES SON IRREFUTABLES

Al cierre del ejercicio fiscal 2025, el Gobierno de Oaxaca y los SSO reportaron subejercicios en el sector que alcanzaron los $4,800 millones de pesos. A esta cifra se suma un reporte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), que detectó un monto de $1,549 millones de pesos no ejercidos en distintos programas de salud en la entidad.

De igual forma, el subejercicio final de la Comisión Estatal del Agua para el Bienestar (Ceabien) de Oaxaca durante el ejercicio fiscal 2025 ascendió a $197 millones 752 mil pesos. 

Esta cifra fue reportada por la Auditoría Superior de Fiscalización del Estado de Oaxaca al analizar los Informes de Avance de Gestión Financiera correspondientes al cuarto trimestre del año. 

Los informes de fiscalización correspondientes al ejercicio siguiente también exhibieron que Sinfra concluyó con un subejercicio superior a los $822 millones de pesos. 

La cifra refuerza la percepción de que el retraso en la ejecución del gasto no obedecía únicamente a ajustes administrativos de fin de año, sino a una incapacidad persistente de los responsables de cada una de las dependencias exhibidas por inoperantes para transformar el presupuesto en obra pública o en atención eficiente a la salud de la población.

Ese dato merece una reflexión aparte. La Secretaría responsable de construir y rehabilitar infraestructura terminó dejando sin aplicar una cantidad multimillonaria en un estado donde prácticamente cualquier recorrido evidencia la magnitud del abandono de caminos, puentes, drenajes y obras hidráulicas. La contradicción resulta difícil de justificar desde cualquier perspectiva técnica o política.

El subejercicio del Instituto Oaxaqueño Constructor de Infraestructura Educativa (IOCIED) correspondiente al ejercicio fiscal 2025 ascendió a $258,473,789.47 pesos.

Ello según los informes de la Cuenta Pública 2025 y auditorías del Gobierno del Estado, el organismo contó con un presupuesto modificado total de $1,258,320,470.33, del cual únicamente devengó $999,846,680.86, dejando el monto no ejercido antes mencionado

Es decir, las instituciones encargadas de atender algunas de las necesidades más urgentes de los oaxaqueños: caminos, hospitales, escuelas y agua potable, no cumplieron.

La paradoja resulta imposible de ignorar. Oaxaca continúa figurando entre las entidades con mayores índices de pobreza del país. Miles de comunidades enfrentan carencias históricas en infraestructura básica, servicios médicos, espacios educativos y acceso al agua.

Basta recorrer las regiones para encontrar carreteras convertidas en brechas, centros de salud sin especialistas, escuelas con techos deteriorados y sistemas de agua insuficientes. 

UN SUBEJERCICIO NO ES UN AHORRO

Frente a esa realidad, resulta difícil comprender que existan cientos o miles de millones de pesos esperando ser utilizados mientras las necesidades siguen acumulándose.

Un subejercicio no debe confundirse con un ahorro. Tampoco representa una virtud administrativa. El presupuesto público no fue diseñado para permanecer en las cuentas bancarias del gobierno. Su propósito es atender problemas concretos en tiempos determinados. 

Cuando una dependencia no logra ejercer oportunamente los recursos que le fueron asignados, la consecuencia no es una mejor administración, sino una pérdida de oportunidades para miles de ciudadanos que dependen precisamente de esos programas y de esas obras.

La administración estatal ha insistido en presentar el incremento del presupuesto como prueba irrefutable de su compromiso con el desarrollo. Pero un presupuesto más grande no significa automáticamente un mejor gobierno. Lo verdaderamente importante no es cuánto dinero se autoriza, sino cuánto se ejerce con eficiencia, transparencia y oportunidad. 

Los ciudadanos no transitan sobre cifras aprobadas en el Congreso; transitan sobre carreteras. No reciben atención médica con discursos; la reciben con hospitales funcionando. No estudian dentro de boletines oficiales; estudian en escuelas dignas.

En política existe una diferencia fundamental entre administrar recursos y administrarlos bien. La primera consiste simplemente en recibir dinero y distribuir partidas presupuestales. La segunda exige capacidad técnica, planeación, ejecución y resultados. 

Ahí es donde el gobierno de Salomón Jara enfrenta uno de sus mayores desafíos. Cuando las propias autoridades reconocen rezagos millonarios en el ejercicio del gasto, su discurso de eficiencia comienza a perder credibilidad.

Quizá el problema más profundo sea que el subejercicio refleja algo más que lentitud administrativa. Refleja fallas en la planeación, deficiencias en los procesos de contratación, retrasos en los proyectos ejecutivos y dificultades para coordinar a las dependencias responsables de ejecutar las obras. 

En otras palabras, pone en evidencia la capacidad real del gobierno para convertir las decisiones presupuestales en acciones concretas.

Cada peso que permanece sin ejercer representa una oportunidad perdida para combatir la pobreza, reducir desigualdades y mejorar la calidad de vida de la población. En un estado con las condiciones de Oaxaca, esa omisión resulta todavía más grave. Es criminal.

La historia política suele ser implacable con los gobiernos que prometen mucho y ejecutan poco, así es el caso de Jara Cruz. No basta con repetir que existe una transformación en marcha, porque ésta debe reflejarse en obras concluidas, servicios funcionando y presupuestos convertidos en beneficios tangibles. 

De lo contrario, la llamada Primavera Oaxaqueña corre el riesgo de ser recordada no por la magnitud de sus anuncios, sino por la incapacidad de hacer que el dinero público llegara, a tiempo, a donde más se necesitaba. Es un gobierno de ocurrencias al que todo le sale mal.

El verdadero éxito de un gobierno no se mide por los miles de millones que aparecen en un decreto de presupuesto. Se mide por la cantidad de problemas que logra resolver con esos recursos. 

Y cuando el dinero se queda detenido en las cuentas oficiales mientras las necesidades continúan creciendo, el balance deja de ser financiero para convertirse, inevitablemente, en un fracaso político.

DE COLOFÓN: 

CHUCHO ROMERO, ¿CONGELADO?

Que luego del tema de su viaje en avioneta del secretario de gobierno, Jesús Romero López, quien nunca le avisó a su jefe político Salomón Jara Cruz, y le causó múltiples problemas al interior del gabinete jarista, se vino abajo su poderío, porque ni la Teresita Villalobos, que era quien le pasaba la agenda del Gobernador y era el Capo Romero quien decidía quien entraba y quien no, a ver al Mandatario oaxaqueño, pues ahora lo tienen congelado.

Ver para creer. Mis fuentes del interior de Palacio de Gobierno me comentan que donde fue muy notoria la molestia del gobernador Jara Cruz, es cuando Chucho Romero quiso tripular a Elpidio Altamirano el director de Pensiones, como relevo para el Secretariado Ejecutivo de Seguridad donde todavía despacha Karina Barón Ortiz.

Pero Jara Cruz lo paró en seco, le dijo que a Elpidio “no me lo tripules”, porque es mi posición y le pidió al director de Pensiones que se subiera a su camioneta con quien tenía interés de platicar. 

Ante los rumores que corren en los pasillos de Palacio de Gobierno de que próximamente tanto Karina Barón como Jesús Romero dejarán sus cargos, ambos funcionarios andan cautelosos, diciéndoles a quienes le quieren escuchar que van en busca de un cargo de elección popular, luego de que el mismo Jara soltara que “Chucho ya se va”.

Lo cierto es que, ante los hechos del fracaso de la política interna, parece que Jara empieza a darse cuenta, a dar señales pequeñas de lucidez, cero y van dos veces que lo corren de su Mañanera, huye de los problemas para no enfrentarlos y su secretario de gobierno simplemente no puede con su responsabilidad. 

Quizás por ello desde la misma Secretaría de Gobernación le han pedido a Jara que debe cambiar a su secretario de gobierno, además de que la Sección 22 le puso el dedo, Romero ya no es interlocutor con los aguerridos maestros, no lo olviden.

Jara Cruz corre el riesgo de que lo abucheen en los eventos públicos, incluso en las Fiestas de la Guelaguetza si no toma medidas y realiza los cambios pertinentes, en un intento de enderezar su vapuleada administración. Aunque es demasiado tarde.

URO HABRÍA COMPRADO AL PAN EN OAXACA

Oigan que quien fue traicionada por su propia propuesta para dirigir lo que queda del Partido Acción Nacional en Oaxaca, hoy en manos de Rosario Ramírez Hernández, es la diputada Naty Díaz Jiménez, porque la líder estatal terminó vendiéndose con el exgobernador Ulises Ruiz Ortiz y es quien comanda al blanquiazul y busca perfiles para las candidaturas rumbo al 2027.

Es increíble lo que pasa en ese partido, porque, primero Naty Díaz se vendió con Salomón Jara y le hizo la vida de cuadritos a doña Perla Woolrich, hasta que la hizo que perdiera la elección interna y ahora ella y su familia los Díaz Jiménez se quedan sin el mando en Acción Nacional. 

Con razón la diputada Naty Díaz mejor se volvió tiktokera y cero promociones a su partido para las elecciones en puerta. A ver en donde los veremos aterrizar terminando su periodo legislativo el próximo año.

¡Uffff!

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