Durante septiembre, el mes patriótico, cuando todos los gobernantes, desde la Presidenta de México hasta los alcaldes de los pueblos más recónditos se vuelvan a festejar las fechas de Independencia; cuando los gritos de “Viva México” resuenan en los oídos de la mayoría de los mexicanos, las formas de gobernar de los políticos no cambian considerablemente y los problemas sociales persisten: baja calidad en educación, corrupción entre quienes ejercen el poder, inflación y alza de la canasta básica, y la violencia y la inseguridad con números alarmantes.

Por ejemplo, en el último rubro, se sabe que, en lo que va de 2026, seis estados concentran 56 por ciento de la violencia político‑criminal: en primer lugar, está Sinaloa, con 14 por ciento; Guerrero, 10 por ciento; Veracruz, nueve por ciento, Oaxaca y Guanajuato, ocho por ciento y Michoacán siete por ciento; los hechos o eventos con más violencia fueron los asesinatos (145), los ataques armados (34) y los secuestros (23). La mayoría de estas entidades son gobernadas por políticos morenistas.

Entonces, amable lector, cuando vemos al morenismo destapando a sus corcholatas hacia el proceso electoral 2027, donde se definirán gobernadores de 17 estados, se evidencian las campañas adelantadas; pero tampoco nos sorprende (aunque sea ya tradición) que los políticos dispuestos a las candidaturas y supuestamente aprobados por encuestas, tengan mucha relación con los actuales gobernantes de esas entidades.

En Zacatecas se nombró a la senadora Verónica Díaz, cuñada del gobernador David Monreal; en Quintana Roo, el senador Eugenio Segura es “ahijado político” de la gobernadora Mara Lezama y, en Baja California, la nominada fue la senadora Julieta Ramírez, exsecretaria particular de la gobernadora Marina del Pilar Ávila; y así está construyéndose el grupo de precandidatos morenistas. ¿Casualidad, directriz oficial o simplemente es más de lo mismo?

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A esto hay que sumar la inconformidad de fracciones morenistas por tales designaciones y que las consignas de “fraude” han amagado con ruptura dentro del partido guinda y posibles facturas con los partidos de alianza como el partido del Trabajo; entre los inconformes y desplazados como coordinadores estatales se ubican los perfiles muy cercanos al obradorismo como Rafael Marón Moliendo, José Narro Céspedes, Raúl Morón y Jesús Uribe.

El 29 de agosto, mediante un video difundido por redes sociales, Ricardo Monreal advirtió sobre una ruptura en Morena rumbo a 2027 y urgió destapar a todas las “corcholatas” estatales, algo que ya ha estado sucediendo, pero no se nota que, conforme avance el proceso electoral, no se produzca “una desbandada” en Morena: las 17 “corcholatas” morenistas quedan asignadas y veremos si el partido oficial, con Ariadna Montiel como dirigente, mantenga la unidad y siga adelante en el proceso electoral, del que todavía se verán muchas sorpresas.

El año electoral tiene preocupada a la cúpula morenista y a la base del partido, y hay quienes han afirmado que será un “examen” donde la mayor preocupación se ubica en las gubernaturas y las diputaciones federales; porque casos como el de Rubén Rocha en Sinaloa o Marina del Pilar en Baja California, más el retiro de la visa estadounidense de algunos políticos morenistas y un proceso interno totalmente anticipado, están arriesgando el voto de los mexicanos en esas y otras entidades.

Estamos a nueve meses de la elección de 2027 y, aunque Morena tiene aparentemente “bajo control” 12 de las 17 gubernaturas, el panorama no es igual que los comicios anteriores: primero, las exhibiciones de malos gobernantes morenistas y, luego, el hecho de que Andrés Manuel López Obrador se encuentre retirado y ausente de la vida pública, aunque se sabe que la cúpula morenista discute la necesidad de que salga a campaña electoral para evitar “sorpresitas”; faltaría ver si el líder moral acepta la propuesta y qué pedirá a cambio.

En las nominaciones para precandidatos, los políticos sobraban, pero no se vio a ninguno plantear un nuevo y verdadero proyecto, con propuestas claras para atacar los principales problemas de los estados que pretende gobernar; más bien, su ambición por el poder, reflejada en la cercanía con los actuales gobernantes, se vislumbra que, si ganan en 2027, la forma de administrar será la misma: gobernar con tarjetitas y comprar las conciencias de los mexicanos. El pueblo aún no despierta; pero tarde o temprano lo hará, y cuando esto suceda, Morena y sus políticos serán un partido más que no supo sacar a México de la pobreza y la miseria. Por el momento, querido lector, es todo.