La Secretaría de Hacienda y Crédito Público informó, a finales de julio, que México tiene ya una deuda de 19.59 billones de pesos (bdp); la cifra se tomó de los Informes sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública; en julio de 2025 ascendía a 17.8 bdp, es decir creció 11.7 por ciento. Aun así, el titular de la dependencia, Edgar Amador Zamora, minimizó el hecho asegurando que la deuda pública está en “niveles sostenibles”.
Y aunque el discurso del gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) insiste en que la deuda se encuentra debajo del promedio respecto a otros países de América Latina; lo cierto es que esta administración y la anterior se han endeudado como nunca antes a grado tal que, en los últimos cinco años, la tasa de crecimiento de la deuda externa mexicana en los mercados de capitales se expandió a 52.57 por ciento anual.
Información publicada en el portal informativo elceo.com advierte: “El actual gobierno de México, liderado por Claudia Sheinbaum, ha colocado valores de deuda en el exterior a largo plazo por 20 mil 531 millones de dólares en el acumulado de enero a junio de 2026; La cifra anterior representa la mayor cantidad de pasivos en los que ha incurrido una administración federal en los mercados internacionales para cualquier primer semestre… y que se reflejó en una tasa de crecimiento de 89.63 por ciento anual”.
Información registrada a lo largo de los años permite concluir que México tardó 197 años, casi dos siglos, desde la época de la Independencia, en deber 10.6 bdp; y el resto, 8.9 billones, se ha generado durante siete años y medio, es decir, en los sexenios gobernados por la 4T. La deuda pública de México ha crecido 89 por ciento en este periodo.
La cifra ha generado alarma y suposiciones, ya que al gobierno en turno le “conviene” endeudarse hoy y “pagar” mañana; aunque este pago, que deberá efectuarse en algún momento; y casi siempre corresponde al pueblo marginado y empobrecido pagar el costo de las malas decisiones de sus gobernantes: por un lado, al consumir productos que, por la inflación, ahora encontramos más caros y, por el otro, con el pago de impuestos que todos realizamos diariamente.
Todo mexicano, sin reflexionar mucho, podría deducir que, si “su gobierno” pide prestado y se endeuda, es porque está preocupado e interesado en atender los problemas económicos que enfrenta al gobernar; por ejemplo, atender la débil salud de la población o invertir para mejorar la mala educación de niños y jóvenes, resolver la falta de vivienda y mantener en buen estado la infraestructura de carreteras, transporte, hospitales o clínicas.
Pero la realidad es otra; el Gobierno Federal se endeuda cada día con tres mil 766 millones de pesos, no atiende los problemas más sentidos de la población y no está atacando de raíz los problemas de pobreza y marginación; por otro lado, vemos la dispersión de recursos mediante las transferencias monetarias (programas sociales) como paliativos económicos, el aumento de gasto en pensiones o más apoyos a Petróleos Mexicanos, entre otros rubros, que provocan un desbalance presupuestal. Es decir, el gasto público que el gobierno necesita ejercer ha resultado superior a la capacidad recaudatoria efectuada por el Estado; por tal motivo, especialistas señalan que, si el endeudamiento no se controla y se modifican las políticas recaudatorias, por ejemplo, que paguen más los que tienen más, el saldo histórico para 2030 o 2031 podría alcanzar 58.9 por ciento del Producto Interno Bruto; hoy México promedia 51 por ciento.
La deuda pública contraída por el Gobierno Federal siempre termina pagándose con los impuestos de todos, con recortes futuros y orillando a nuestro país a crisis económicas más recurrentes. Hoy es más claro que México debe ser gobernado por un partido del pueblo, de los trabajadores, conformado por políticos con una visión nueva para ejercer el poder y con un sentido más humano para velar por los verdaderos intereses de los mexicanos. Esto no puede estar muy lejos, pero es indispensable la educación, politización y organización de todos. La tarea está a la orden del día. Por el momento, querido lector, es todo.
