El Estado de México (Edomex) es una de las entidades del país considerada como laboratorio político electoral; hoy, a menos de dos meses de llegar a la mitad del sexenio de Delfina Gómez, varios alcaldes enfrentan procesos judiciales o se encuentran bajo investigación; algunos fueron capturados y, tanto en alcaldías como en el propio gobierno estatal, existen crisis políticas y gobiernos municipales en conflicto; además, la mandataria tiene obras de infraestructura social en el abandono y varios millones de mexiquenses a la espera.
En mayo de este año, la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG)-2025, presentada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, reportó a la entidad en el séptimo lugar en percepción de corrupción, con 89 por ciento; es decir, nueve de cada diez habitantes ubican ese mal como uno de sus principales problemas; las estructuras de opacidad y el “moche” no sólo no desaparecieron con el cambio de partido, del Partido Revolucionario Institucional a Morena, sino que se agudizaron; los ciudadanos ubican mayor frecuencia de actos corruptos en la policía, partidos políticos, ministerios públicos, fiscalías locales y gobiernos estatales.
Según la información del INEGI, en el Edomex se registran 17 mil 899 casos de corrupción por cada 100 mil habitantes, cifra preocupante que asfixia a los mexiquenses; la entidad estaría muy cerca de los dos estados más corruptos del país, que son Baja California –con 89.3 por ciento– o Michoacán –89.4 por ciento–; y se encuentra en el top 5 de los estados con mayores repuntes porcentuales en la prevalencia de corrupción.
Pero el fracaso en la gestión de la morenista Delfina Gómez no se limita a este rubro; el ENCIG reportó que, en el servicio de salud, con el IMSS-Bienestar que opera en 23 estados, sólo obtuvo 47 por ciento de satisfacción de los ciudadanos, es decir, una calificación de cuatro; además, las quejas e inconformidad expresadas advierten que menos de la mitad de los ciudadanos aprueba el sistema de salud por ser ineficiente, a pesar de que se prometió alcanzar los estándares internacionales.
El 1º de julio, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) colocó al Edomex a la cabeza de la lista nacional de desapariciones, con mil 212 nuevos reportes de personas ausentes entre enero y junio de 2026, elevando los casos activos a 14 mil 633 expedientes sin resolver; representa el 10 por ciento de la problemática nacional acumulada en 132 mil 534 personas desaparecidas. En la entidad desaparecen entre doce y quince personas diarias, según cifras de colectivos y datos del RNPDNO.
Estos no son los únicos rubros en los que se reflejan los problemas del gobierno de Delfina Gómez; se sabe que sólo cuatro de los 125 municipios mexiquenses fueron aprobados por la Auditoría Superior de la Federación sobre la administración de recursos federales; esto explicaría en parte por qué más de dos millones de mexiquenses enfrentan carencias en calidad y acceso a vivienda y son ignorados cuando protestan y exigen obras y servicios para sus pueblos y colonias.
Los habitantes de la entidad más poblada del país aún pagan el costo de un sistema gobernante que sólo cambió de color y partido en el poder, pero continúa sumergido en las peores prácticas; es vox populi que, a medio periodo del gobierno de “La maestra”, como le llaman sus incondicionales, la política estatal está en crisis y la autoridad no tiene claro lo que ocurre ni está enfrentando las dificultades.
Los conflictos en el Edomex se acumulan y reflejan ausencia de control político; muestran que Morena no sabe gobernar y, por eso, la pobreza multidimensional afecta al 42.8 por ciento de la población; y las mayores carencias sociales radican en la falta de acceso a la seguridad social, que impacta a cerca del 48.8 por ciento de los habitantes; y en el acceso a la salud, entre siete y ocho millones de mexiquenses, es decir, el 40.2 por ciento sufre este mal.
El gobierno morenista de Delfina Gómez no escucha a sus gobernados, no tiene mecanismos eficaces de conducción política y, en la segunda mitad de su mandato, las crisis políticas por ingobernabilidad podrían multiplicarse y se gestaría un gran movimiento popular de inconformidad que nadie podría detener. Por el momento, querido lector, es todo.
