SemMéxico, Oaxaca, 10 de junio, 2026. Jueves 11 de junio, fecha para la historia, finalmente inicia la Copa Mundial FIFA 2026, el negocio de divertimento patrio y, por tanto, neoliberal más grande de la historia en tiempos de un gobierno que se dice de izquierda.

Casi 40 mil millones de pesos invertidos en obras de infraestructura, léase enchulamiento, de las tres ciudades sedes de una justa deportiva privada: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

Millones, una mayoría hombres, se divertirán con los 13 partidos que se jugarán en México; igual número se disputarán en Canadá y 78 en Estados Unidos de Norteamérica. Una disputa entre 48 selecciones nacionales que buscarán avanzar hasta el momento más importante: el partido final, los nuevos campeones alzarán la copa en el vecino país del norte y volverá al imaginario colectivo el coliseo romano.

Hagamos un juego de número, que sí tiene sentido. Dada la inversión, cada uno de los 13 partidos que se realizarán en las sedes mexicanas costará, en promedio, casi tres mil millones de pesos: Guadalajara cuatro partidos, Monterrey cuatro partidos y Ciudad de México cinco, un suspiro para la fanaticada local. La pregunta es ¿quién pagará?

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Esa es la razón del enojo de quienes hoy siguen protestando en las calles, en específico a las madres buscadoras y a las madres de los feminicidios, dos fenómenos que evidentemente no gozan de ningún tipo de empatía por parte de quienes ostentan el poder político y también el poder económico desde que ambos problemas se hicieron evidentes en nuestro país, quizá medio siglo del primero y 30 años en el segundo caso.

No es para menos, 134 mil personas que no han vuelto a casa debería dolernos, pero como bien se explica en el activismo, dolerá hasta que toque nuestras puertas.

Y miren, si cada selección ha llegado a los tres países con un promedio de 25 jugadores, quiere decir que son apenas 1 200 deportistas en 48 equipos y, para entender la magnitud del problema, las 134 mil personas desaparecidas en México conformarían cinco mil 360 equipos. Solo para darnos una idea de la gravedad del problema en México. Y lo escribo con todo respeto a las familias.

Por eso insisto en la molestia de esas familias. Ya se lo han planteado las activistas, hubo dinero de sobra, en inversiones públicas y privadas para ejecutar 13 partidos, ni pujaron las autoridades que aceptaron el mundial y menos quienes asumieron la responsabilidad, un cuento largo entre priistas y morenistas. Para lo que no hubo y seguramente ni habrá dinero es para construir servicios forenses dignos donde se puedan depositar, conservar e identificar los restos de personas que se han sido encontradas o para dignificar ese espacio donde las madres o padres de las mujeres asesinadas tienen que identificar a sus hijas a lo largo y ancho del país. ¿Cuántos semefos en México cuentan con las condiciones adecuadas para mantener un cadáver?

Hay dinero de sobra para chulear las ciudades, pero no para adquirir tecnología de punta para localizar a las mujeres y hombres, incluyendo a la compañera periodista sustraída con violencia el 2 de junio pasado de su casa, Roxana Guzmán Ramírez y tantos otros y otras personas.

Increíble pero cierto, no hay dinero para hacer campañas que nos hagan sensibles ante el dolor de las otras familias, menos para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres que cuesta en promedio tres mil feminicidios por año, tal y como se manda en la normativa nacional e internacional.

En México se puede ser sede de un Mundial de fútbol, pero nunca se accionan mejoras en las instituciones que nos permitan contar con equipos de investigación para detener y procesar a los perpetradores, porque una de las razones de la impunidad que priva en las fiscalías federales y de los estados, así como en los poderes de justicia, es la corrupción, derivada de la ambición y la codicia de sus integrantes, pero también de la precariedad salarial, por cierto, ninguna justificable.

Jueves inicia el mundial, habrá fiesta, emoción y hasta pareceremos un país diferente; después sacaremos las cuentas, alegres para los gobiernos, negativas para el resto de la población. Porque la inversión no beneficia con igualdad. Hay más violencia contra las mujeres y solo los ricos serán más ricos.