El diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar llegó al estado en un momento políticamente delicadísimo para Morena y, en lugar de encontrarse con un partido unido alrededor de quien desde la dirigencia nacional tendrá una responsabilidad estratégica rumbo a 2027, apareció rodeado por la corriente crítica, una parte de la disidencia y por personajes que llevan tiempo marcando distancia con el grupo político del gobernador Salomón Jara Cruz.

Héctor Sánchez López y Francisco Martínez Neri estuvieron ahí; los otros, los del círculo de poder estatal, brillaron por su ausencia. Es claro que, en política, cuando una ausencia es tan grande, tan evidente y oportuna, difícilmente puede explicarse como simple casualidad.

Aunque Ramírez Cuéllar, me confirman, sí avisó a Salomón Jara que estaría en Oaxaca en un evento partidista, no le bloqueó el evento, pero tampoco lo apoyó y no permitió que asistieran los aspirantes para el 2027, les prohibió hacer acto de presencia como el caso de la diputada Haydeé Reyes Soto que había confirmado asistencia y al final no llegó.

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Por eso el mensaje de la fotografía es demoledor: Morena en Oaxaca no está unido. Está partido. Lo peor para el partido gobernante es que la fractura ya no ocurre en reuniones privadas, en conversaciones de pasillo o en rumores de café; comienza a exhibirse en actos públicos, precisamente cuando aparece uno de los operadores nacionales que tendrá que mirar, medir y tomar decisiones sobre la estructura política de Morena rumbo a una elección que será fundamental para el futuro del estado.

Si Ramírez Cuéllar es el hombre encargado de operar electoralmente el proyecto de Morena para 2027 en Oaxaca, entonces lo ocurrido no es menor. Que llegue a Oaxaca y sea recibido esencialmente por quienes están enfrentados o distanciados del grupo gobernante es una señal que, en la dirigencia nacional, Ariadna Montiel debería estar leyendo con lupa.

Si alguien pretendía enviar el mensaje de que la disidencia está aislada, consiguió exactamente lo contrario: le dio escenario, legitimidad y una fotografía con uno de los hombres que tendrá que evaluar quién tiene fuerza real cuando llegue la hora de repartir responsabilidades y candidaturas.

No me extraña que los bebesaurios líderes de Morena en Oaxaca, Alejandro Velasco Armas y Emmanuel Navarro Jara no estuvieran, a estos pobres no les chilla la ardilla, ni fu ni fa, como dicen en el argot popular, pero que el gobernador Jara ordenara que no asistieran ni los suspirantes o los llamados referentes del morenismo, eso sí ya es grave.

Porque ésta es la parte que probablemente incomoda más en los pasillos de palacio de gobierno: la política no se controla con silencios, ni con la capacidad de decidir quién entra y quién no entra a determinados eventos. La política se mide en capacidad de convocatoria, en estructura, en territorio y, sobre todo, en la posibilidad de sentar a diferentes grupos en una misma mesa. Y lo que se vio este lunes fue precisamente lo contrario.

Mientras el grupo cercano al gobernador parece haber decidido mantener distancia, la disidencia aprovechó la llegada de Ramírez Cuéllar para demostrar que también tiene interlocución, que también puede movilizar cuadros y que tampoco está dispuesta a aceptar que Morena sea administrado como si fuera una extensión del gobierno estatal.

El problema, entonces, no es solamente que haya dos grupos. El problema es que ambos parecen estar convencidos de que el otro es el problema. Ése es el principio de todas las fracturas políticas serias.

Primero viene la diferencia. Después llega el resentimiento. Luego aparece la exclusión. Y finalmente cada grupo comienza a construir su propia estructura para sobrevivir al otro.

Morena en Oaxaca parece encontrarse justamente en esa peligrosa transición. Por tanto, si la dirigencia nacional no interviene con inteligencia, lo que hoy son diferencias internas pueden convertirse mañana en una guerra abierta por candidaturas, posiciones, distritos y municipios.

El escenario sería particularmente absurdo porque estaríamos frente a un partido que, teniendo el poder estatal, estaría dedicando más energía a pelear consigo mismo que a enfrentar a sus verdaderos adversarios electorales.

AUSENTES LOS GRUPOS DE HUGO AGUILAR, LUISA CORTÉS, ARMANDO CONTRERAS Y ADELFO REGINO

Pero tampoco estuvieron presentes los grupos disidentes de los antijaristas Hugo Aguilar de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Armando Contreras Castillo del Instituto Nacional de Educación para los Adultos y creo que también están en la misma tónica, la senadora Luisa Cortés y el mismo Adelfo Regino Montes del INPI.

Pareciera que le tienen terror a los Jara. Están agazapados, no asoman ni las narices y en este acto público se vio demostrado porque no mandaron a su gente, claro que ellos no pueden asistir porque son funcionarios federales, pero la senadora Luisa Cortés bien pudo haber llegado, así que los morenistas están pulverizados en tres grupos, dos disidentes y uno oficial.

Miren ustedes.

Héctor Sánchez López y Francisco Martínez Neri no necesitan que nadie les explique cómo funciona la política oaxaqueña. Han construido sus propias trayectorias y representan intereses y grupos que no necesariamente coinciden con la visión del actual gobierno. Que sean ellos quienes aparezcan alrededor de Ramírez Cuéllar no solamente habla de ellos; habla también de quienes no estuvieron.

Y cuando en un acto de esta naturaleza no aparece la gente del gobernador o del otro grupo disidente, la pregunta inevitable es si se trató de una decisión voluntaria, de una instrucción política o de una fractura que ya llegó a un punto donde ni siquiera existe interés en disimularla.

Cualquiera de las tres posibilidades es malo para Morena. Si fue una decisión voluntaria, confirma la distancia. Si fue una instrucción política, confirma la exclusión. Y si simplemente nadie quiso acercarse, confirma algo todavía peor: que el grupo gobernante ya no considera necesario construir puentes con una parte importante de su propio partido.

En cualquiera de los escenarios, el resultado es el mismo: división.

Hay algo todavía más delicado. Alfonso Ramírez Cuéllar no llegó a Oaxaca como turista político. Su presencia adquiere relevancia porque el 2027 ya comenzó a cocinarse mucho antes de que oficialmente arranque cualquier proceso electoral.

Sería ingenuo pensar que en Morena nacional nadie está tomando nota. Lo están haciendo. Porque Oaxaca no es cualquier estado para Morena. Es uno de los bastiones históricos de la izquierda y un territorio donde el movimiento ha construido una fuerza electoral considerable.

Si hoy la fotografía de Alfonso Ramírez Cuéllar rodeado por una parte de la disidencia representa la fractura de Morena Oaxaca, mañana podría convertirse en la fotografía que explique por qué el partido perdió el control de su propia sucesión política.

Se resume en una sola frase: ¡Morena Oaxaca, donde la casa está en llamas!

Porque Morena ya no está discutiendo cómo ganar 2027. Está discutiendo quién se queda con las ruinas de la unidad que todavía presume tener.

Por lo tanto, si Salomón Jara y su grupo siguen creyendo que controlar el poder equivale a controlar al partido, quizá la próxima fotografía ya no sea la de una fractura: será la de una derrota. Al tiempo.

DE COLOFÓN:

RETUMBA EL NEPOTISMO EN ACTO PROSELITISTA DE MORENA

Oigan, que mientras Francisco Martínez Neri hacía mutis desde la mesa de presídium, porque no dijo nada, el coceista Héctor Sánchez López hizo referencia al grave nepotismo que impera en el gobierno de Oaxaca y pidió al representante de Morena Nacional que las candidaturas sean otorgadas a los verdaderos militantes, a quienes han hecho trabajo en territorio, la gente que está en el piso haciendo la talacha política, que ha caminado.

Y no a otros aspirantes que vienen de otros partidos políticos, haciendo un llamado a la unidad de la militancia, mientras que el diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar reconocía en entrevista con ES PRIMERA MX y El Universal que el mote de “narcopartido” le pesa a Morena y demandó presentar pruebas contra todos aquellos personajes que han sido señalados o de tener vínculos con el crimen organizado.

Sobre el crimen del periodista Alejandro Leyva Aguilar se pronunció por una investigación seria y no acusar a nadie, luego de que los constantes señalamientos sobre este cobarde asesinato han recaído contra el gobernador Salomón Jara y la cúpula de su administración. Se tienen que abrir las investigaciones, reiteró.

UN MURATISTA NUEVO DELEGADO DE RELACIONES EXTERIORES EN VERACRUZ

¡Ah jijos!

Para rabietas del gobierno de Oaxaca. Se acuerdan de Christian Hernández Fuentes, el ex director del Registro Civil en el sexenio de Alejandro Murat Hinojosa.

Pues fue nombrado delegado de Relaciones Exteriores en Veracruz, y con este cargo empezarían los Murat a colocar a sus piezas en cargos federales, que no se si tenga que ver con el apapacho que la presidenta Claudia Sheinbaum le dio al senador Murat Hinojosa en tierras mixtecas, donde lo defendió públicamente del abucheo inducido que le mandó regalar el gobernador Salomón Jara.

Dicen que ahora la paisanada del Istmo que quiera pasaportes y trámites de visas, tienen las puertas abiertas en el vecino estado para obtener esos documentos tan importantes. Ver para creer.

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