El cobarde y artero asesinato de Francisco Alejandro Leyva Aguilar, periodista crítico del gobierno de Salomón Jara, del 22 de julio en San Pablo Etla, municipio conurbado a la capital de Oaxaca, deja impotencia, rabia, tristeza y miedo entre periodistas y demuestra al mundo entero múltiples violaciones a los derechos fundamentales de quienes ejercemos esta profesión.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sabe lo que ocurre en Oaxaca; Rosa Icela Rodríguez Velázquez, secretaria de Gobernación, ha escuchado muchas denuncias sobre violaciones a derechos humanos, persecución, feminicidios-homicidios, el despojo y otras calamidades como la violación al derecho de la libre expresión y la libertad de prensa, a estas alturas sabe de qué van las cosas en esta entidad, y para cerrar Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana también del gobierno federal, sabe quiénes operan los grupos criminales en Oaxaca. Nadie engaña a nadie.

Devolver la paz a Oaxaca, perdida hace varios sexenios -lo que incluye las ambiciones del clan Murat- hoy más dueños de las calles y la vida de las personas como nunca, debe pasar por una medida drástica. Y en eso, quizá nuevamente esta entidad sea un laboratorio para Morena, el resultado le será útil a la presidenta, porque podrán medir las consecuencias de lo que podría ocurrir si toma la decisión que exige el pueblo.

Sheinbaum Pardo ya no puede volver la vista a otro lado, porque si hoy no hace nada, pronto no tendrá hacia dónde mirar.

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