Hay gobiernos que pasan a la historia por construir hospitales. Otros, por abrir carreteras o levantar universidades. Y luego están los que corren el riesgo de ser recordados por destruir una obra que ellos mismos presumieron como símbolo de transformación. Ese es Salomón Jara Cruz con su obra del Parque Lineal Riberas del Atoyac.
Una obra anunciada con bombo y platillo, presentada como ejemplo de recuperación urbana y respaldada con una inversión pública de $191 millones de pesos. Dinero de los oaxaqueños. Dinero que salió de los impuestos de quienes todos los días trabajan para sostener un gobierno que prometió administrar mejor los recursos.


El proyecto abarcaba la recuperación de espacios públicos, ciclovías y áreas deportivas, contando con una inversión superior a los $191 millones de pesos y una extensión inicial de 1.8 km a cargo de la Secretaría de Infraestructuras y Comunicaciones, cuya titular es Sildia Mecott Gómez, quien tampoco ha dado la cara para explicar las razones de la demolición.

La pregunta es tan sencilla como incómoda: ¿cómo puede un gobierno presumir una obra como un éxito y, poco tiempo después, decidir demoler parte de ella? Si era un buen proyecto, ¿por qué destruirlo? Y si hoy resulta necesario echarlo abajo, ¿quién se equivocó cuando autorizó gastar $191 millones de pesos?
No hay forma de que ambas versiones sean ciertas al mismo tiempo. Alguien falló. Cuando el error cuesta cientos de millones de pesos, la sociedad tiene derecho a exigir mucho más que discursos.
Alguien sabe qué hace el elefante blanco de la Secretaría de Honestidad, Transparencia y Función Pública del Estado de Oaxaca, cuya titular Leticia Elsa Reyes López se ha quedado calladita, no ha sido capaz de abrir una investigación sobre la demolición de la obra y las razones, el dinero público, es una verdadera pantalla la señora, a los de casa les encubre sus porquerías.

Ante ello, lo verdaderamente indignante no es el ruido de las máquinas derribando concreto. Lo que lastima es la imagen de millones de pesos convertidos en escombro mientras Oaxaca sigue encabezando los indicadores de pobreza, rezago social y carencias en servicios básicos más altos a nivel nacional.
Mientras hay comunidades que llevan décadas esperando agua potable, clínicas con medicamentos, escuelas dignas o caminos transitables, resulta imposible no preguntarse si esta era realmente la mejor manera de gastar el dinero público. No es posible tanta irresponsabilidad e incompetencia gubernamental.
Ese presupuesto tirado a la basura es una cantidad capaz de cambiar la realidad de muchas comunidades, de muchos hospitales colapsados. Es dinero suficiente para financiar obras prioritarias, fortalecer servicios o atender necesidades urgentes. En cambio, hoy ese recurso está asociado a una obra cuya permanencia ni siquiera alcanzó a consolidarse.
OBRAS IMPROVISADAS CON DINERO PÚBLICO
Eso no puede considerarse una muestra de buena planeación. En mi estricta opinión, refleja exactamente lo contrario: una preocupante improvisación en la manera de decidir sobre el patrimonio de todos.
Cada gobierno tiene derecho a fijar prioridades. Lo que no tiene derecho es a jugar con el presupuesto como si se tratara de un borrador que puede corregirse demoliendo lo que ayer se inauguró con aplausos y fotografías.
Los gobiernos administran dinero ajeno. Esa es una verdad que con demasiada frecuencia se olvida. Cada peso pertenece a ciudadanos que hacen sacrificios para pagar impuestos y esperan que esos recursos se traduzcan en beneficios duraderos, no en obras efímeras.
La demolición también derrumba algo mucho más importante que el concreto: la confianza ciudadana. Miren ustedes estimados ciberlectores, cuando una administración construye y destruye casi al mismo tiempo, inevitablemente deja la impresión de que la planeación fue insuficiente o que las decisiones cambiaron sin una explicación convincente.

Lo mínimo que merece Oaxaca son respuestas claras. ¿qué estudio técnico justificó la demolición? ¿qué falló? ¿quién recomendó construir a la orilla del lecho del río?, el peor de los errores, porque el cauce del río siempre reclama su espacio por naturaleza. Por sentido común, simplemente, SIC no debió permitir su construcción en ese espacio.
Ahora, ¿quién recomendó destruir? ¿cuánto costará volver a intervenir la zona? ¿cuánto más deberá pagar la sociedad?, preguntas que por supuesto no tienen respuesta oficial. El silencio nunca será una buena respuesta cuando están en juego $191 millones de pesos.
Lo hemos dicho hasta el cansancio, gobernar no consiste en inaugurar obras para la fotografía, sino en tomar decisiones que resistan el paso del tiempo. Una obra pública debería durar décadas, no convertirse en tema de demolición cuando apenas comienza a construirse.

En cualquier administración seria, una situación así provocaría una revisión profunda de los procesos de planeación. Es importante resaltar que cuando una obra pública termina siendo modificada o destruida en tan poco tiempo, el problema ya no es únicamente la infraestructura; sino la manera en que se toman las decisiones.
Oaxaca merece mucho más que obras espectaculares para los discursos oficiales. Merece proyectos útiles, bien pensados y capaces de sobrevivir a los cambios políticos. Pero el gobierno de Jara se ha dedicado a ocurrencias y esta vez sí ya se pasó.
Los ciudadanos no pagan impuestos para financiar ocurrencias, sino para ver resultados. Y cuando una inversión pública de $191 millones de pesos termina rodeada de cuestionamientos por su demolición, es inevitable preguntarse si alguien asumirá alguna responsabilidad política.
Porque el concreto puede volver a colocarse. El dinero público, no. Cada millón gastado ya salió del bolsillo de los oaxaqueños y jamás regresará.
LA CONFIANZA CIUDADANA DEMOLIDA
La verdadera demolición no ocurre sobre el parque. La verdadera demolición ocurre sobre la confianza de los ciudadanos en un gobierno que prometió hacer las cosas de manera distinta. Cuando una obra emblemática termina bajo las máquinas, no sólo cae el concreto; también se desmorona la credibilidad.
Y esa, a diferencia del parque, tardará mucho más en reconstruirse. Al final, el Parque Lineal dejaría de existir. Lo que no desaparecerá será la pregunta que perseguirá a Salomón Jara: ¿cómo se explica que una obra de $191 millones de pesos termine bajo las máquinas de demolición?
Mientras esa respuesta no llegue con claridad y con responsabilidades, cada golpe de la retroexcavadora no sólo romperá concreto; también seguirá rompiendo la confianza de los ciudadanos.
Un gobierno puede inaugurar cien obras, pero basta con demoler una de esta magnitud para que la historia empiece a escribir un juicio mucho más severo que cualquier discurso oficial.
DE COLOFÓN:
EL REDITUABLE NEGOCIO DE LA BASURA EN LA CAPITAL
Oigan, para nadie es un secreto el redituable negocio que representa la basura en la ciudad de Oaxaca de Juárez, solo que no se sabe con exactitud quién o quiénes lo administran, si el hermano incómodo del gobernador Salomón Jara, que hoy sigue incrustado en la administración municipal, Noé Jara Cruz o si se lo dio al ASAEO.
De acuerdo con una denuncia enviada por empleados municipales, resulta que mandan en promedio 150 toneladas de desechos al día, y cada góndola se carga con 30 toneladas. Han estado facturando $63,000.00 pesos por góndola más casi $9,000.00 pesos que se pagan al tiradero (aproximadamente 300 por tonelada).

Son más o menos cinco viajes diarios. Si cotizas un viaje particular de góndola de treinta toneladas con regreso vacío te cobra más o menos $25,000.00 pesos. Y si en base en estos números hacemos cuentas, se están metiendo al bolsillo más o menos $200,000.00 pesos diarios.
Vaya fichitas.
LAS FICHAS DEL PVEM PARA LA CAPITAL
Sin dejar de ser un apéndice del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), porque en eso se convirtió, el Partido Verde Ecologista de México cabildea sus fichas o propuestas para la candidatura a la presidencia municipal de Oaxaca de Juárez, y pretenden repetir el mismo efecto ganador que tuvieron con Ray Chagoya.
Mmmm, bastante complicado.
A sabiendas que Morena la tendría perdida en la capital oaxaqueña, después de haber experimentado el casi 3 a 1 en la Revocación de Mandato, en la que perdieron por la mala imagen y el rechazo que la ciudadanía le tiene al gobernador Salomón Jara, hoy el Verde quiere reposicionarse y cabildea en la Ciudad de México llevar como propuesta al senador Luis Alfonso Silva Romo.

Pero a Romo aún le falta pasar el filtro de su jefe político, de Salomón Jara de quien aún no tiene el aval. Mientras esto ocurre, existen otros grupos que también se reposicionan y han empezado moverse, como el caso de los expriistas Jorge Villacaña, quien se ha mencionado en los círculos políticos que realiza reuniones y algunos eventos en privado para luego medirse en una encuesta y conocer si tiene posibilidades reales o no.
No se sabe por cuál partido la buscaría, en honor a la verdad todos están cooptados, el mismo edil Ray Chagoya no la tiene segura con Morena y su mejor salida, si decide competir, sería el PETEO y aquí hay un dato bien interesante de acuerdo con un estudio que hicieron en la capital sobre el posicionamiento del alcalde y del mismo Noé Jara, el hermano incómodo.
Ray Chagoya sale con un 28% en la mas reciente encuesta, en lo que es la parte norte y el centro de la capital aborrecen a Salomón Jara, y el territorio de influencia, por decirlo así, de Noé Jara es la zona de Pueblo Nuevo y de Viguera, zona donde sale con presencia y es explicable porque ahí predomina el ASAEO y lo que queda de los Villaseca.
Lo cual quiere decir que Ray Chagoya si va solo pierde, si va con Noé Jara daría batalla, ambos se necesitan, que irónico.
Pero aún no surge una figura competente en la oposición que sea una opción real para la ciudadanía, ahí está el detalle.
CORREO: nivoni66@gmail.com
X: @Gelosnivon
FACEBOOK: Mary Nivon
INSTAGRAM: marynivon
FAN PAGE: ESPRIMERAMX/ Mary Nivón
TELEGRAM: t.me/esprimeramx
