La encuesta de Enquire Asks, correspondiente a agosto, le acaba de propinar a Salomón Jara Cruz un golpe que difícilmente podrá esconder con propaganda: 39.9 por ciento de aprobación y el último lugar en evaluación entre los gobernadores medidos. Para un mandatario que todavía presume una supuesta transformación, el dato es una bofetada.
Hasta presumió en su “Mañanera” que, en su reciente visita a Oaxaca, la presidenta Claudia Sheinbaum “lo consintió”. Uffff.
Tener el último lugar en la evaluación de gobernadores, no es una cifra cualquiera. Es el termómetro de un gobierno que se está quedando sin oxígeno político.
Es muy preocupante para Jara, no ocupar el último lugar, sino que su caída ocurre cuando todavía le quedan dos años de gobierno y cuando los escándalos comienzan a acumularse con una velocidad que su equipo de comunicación ya no alcanza a contener, se convierte en una pesada lápida que no podrá superar.
La llamada Primavera Oaxaqueña comienza a parecerse cada vez más a una promesa marchita. Seguridad cuestionada, crisis de imagen, nepotismo, señalamientos de corrupción, conflictos políticos y una comunicación social fallida.
En medio de este deterioro aparece el nombre justo cuando se habla de la pésima estrategia de comunicación del gobierno: René Palacios, el argentino que, sin ostentar formalmente el cargo, es señalado como quien realmente tiene un enorme peso en las decisiones de imagen y comunicación del gobernador.
La nacionalidad no es el problema, sino el poder que se le atribuye dentro de un área estratégica del gobierno sin que exista, públicamente, una responsabilidad institucional equivalente. Palacios es realmente quien decide qué se comunica, cómo se comunica y qué se responde ante las crisis. Su estrategia de imagen logró mandar a su jefe político al sótano en las encuestas de evaluación.
Lo peor, es que el argentino sigue ordenando las pautas a páginas piratas que su mismo equipo creó y a donde se va una gran parte del presupuesto de Comunicación Social que este año fue de $104 millones 555, 886.50 pesos, en donde René Palacios ordena y el vocero Daniel Hernández solo firma, sin analizar que en una auditoría federal si los números no cuadran, quien podría ser castigado en el mejor de los casos con una pena administrativa será el firmante y en el peor, se paga con cárcel.

La administración jarista ha enfrentado una cadena de episodios que han terminado convertidos en crisis de percepción pública. Lejos de apagar los incendios, la estrategia parece haberlos avivado. Una comunicación errática, reactiva y muchas veces desconectada de lo que ocurre en las calles ha terminado profundizando la distancia entre el gobernador y los ciudadanos.
Jara necesita un equipo que le diga la verdad, no un grupo de asesores que le maquille la realidad.
Porque una estrategia de comunicación puede esconder un escándalo durante unas horas. Puede fabricar tendencias en redes sociales. Pero no puede convencer a una familia que vive con miedo de que Oaxaca es seguro.
Tampoco puede convencer a los periodistas de que existe plena libertad cuando uno de sus colegas, Francisco Alejandro Leyva Aguilar, fue asesinado.
El homicidio de Leyva se convirtió en uno de los golpes más dolorosos para la imagen del gobierno. No porque pueda atribuirse automáticamente responsabilidad al gobernador, aunque en la percepción ciudadana está el hecho de haber sido un crimen de estado, sino porque cada asesinato de un periodista coloca al gobierno frente a su obligación fundamental de garantizar seguridad, investigar y procurar justicia.
En política, los vacíos se pagan.
La muerte de Leyva dejó un agujero enorme en el discurso oficial. Mientras el gobierno habla de transformación, la realidad recuerda que ejercer el periodismo crítico en Oaxaca sigue teniendo riesgos. Cuando la víctima es un comunicador que había cuestionado al poder, el costo político inevitablemente se multiplica.
Pero Jara no sólo carga con la crisis de seguridad. También arrastra una crisis ética alrededor de su propia administración.
Los señalamientos sobre nepotismo y la presencia de más de una docena de familiares vinculadas al gobierno, que en este espacio documentamos, han golpeado directamente uno de los pilares del discurso morenista: acabar con los privilegios de las élites.
Familiares, hijos, esposa y personajes cercanos al gobernador han sido colocados bajo el reflector. Aunque cada caso debe analizarse individualmente y con documentos en la mano, el problema político ya existe: la percepción de que el gobierno se convirtió en asunto de familia.
Eso es dinamita para cualquier administración.
Pero quizá ninguna figura familiar ha generado tantos problemas políticos para Jara como su propio hermano Noé Jara.
Su nombre que sigue apareciendo en redes sociales y en medios de comunicación vinculado públicamente a cuestionamientos relacionados con la ASAEO, una organización criminal que terminó bajo el reflector de las autoridades federales, casi desmantelada.

Esa circunstancia ha colocado al gobernador en una posición incómoda porque, aunque las responsabilidades de cada persona deben acreditarse por las vías correspondientes, políticamente resulta imposible separar por completo el apellido del poder.
Aquí justamente llegó otro episodio que incendió las redes sociales.
La difusión del video en el que Noé Jara aparece durante la recepción a Claudia Sheinbaum y en el que levanta la blusa de una mujer generó fuertes críticas y fue interpretado públicamente como una conducta de violencia de género.
Otra vez, el problema terminó en la puerta del gobernador.
¿Puede Salomón Jara responder por cada conducta de su hermano? Evidentemente no. Pero sí puede responder políticamente por la forma en que su administración enfrenta los escándalos que involucran a su círculo más cercano.
Ahí está precisamente una de sus mayores debilidades: la percepción de que en torno al gobernador existen demasiados intocables. En política, la percepción también gobierna.
Por ello la encuesta de Enquire Asks llega en el peor momento posible porque confirma que todos estos episodios no están ocurriendo en un vacío. Están impactando directamente la imagen del mandatario que se desplomó al 39.9 por ciento.
Ese número debería ser suficiente para que en Palacio de Gobierno dejen de celebrar encuestas favorables y comiencen a preguntarse por qué casi seis de cada diez ciudadanos que forman parte de esa medición no aprueban la gestión.
Si la respuesta vuelve a ser culpar a los medios, a los adversarios o a las redes sociales, entonces el problema será todavía mayor. Un gobierno serio escucha las críticas. Un gobierno acorralado las descalifica. Salomón Jara parece estar entrando peligrosamente en esta segunda categoría.
También debería revisar a fondo su estrategia de comunicación. Un estratega que opera detrás del escritorio y que, según sus críticos, ha terminado metiendo al mandatario en más problemas de los que ha resuelto.
Aunque hoy René Palacios, el argentino, fue enviado por el propio Jara a temas electorales, en un intento de sacarlo de Palacio de Gobierno, pero lo metió en otro gran problema, al estar a cargo de la imagen del senador Luis Alfonso Silva Romo, quien recientemente se auto destapó para la candidatura a la capital oaxaqueña y fracturó a Morena. Le salió peor a Jara el chistecito.
Silva habló mal del gobierno de Ray Chagoya y justamente ayer en su “Mañanera”, Jara tuvo que corregirle la plana debido a la crisis política en que lo metieron, diciendo que el gobierno del “Vecino” es bueno.
Pero eso no es todo. El flamante estratega, que sabe de imagen, lo que esta columnista de arquitectura tapizó la ciudad de espectaculares de Luis Alfonso Silva Romo, y en Palacio de Gobierno se molestaron porque ni un solo espectacular hay del gobernador Jara y sus obras.
Pero, además el argentino le pauta imágenes con cargo al erario de Comunicación Social de los aspirantes acusados de corrupción como Saymi Pineda de Turismo, Víctor Leyva de Sefader y hasta el inefable Víctor Cata, que todavía no se sabe a bien su aspiración, quizás la alcaldía de su natal Juchitán. Y Danielito solo firma.
Es increíble como su propio estratega de imagen lo ha llevado al despeñadero, René Palacios no puede revertir el grave deterioro gubernamental, no hay forma, porque Salomón Jara necesitaría demostrar que la corrupción no tiene apellido, que el nepotismo no tiene permiso y que ningún familiar tiene privilegios por estar cerca del gobernador.
Mientras su equipo intenta vender una imagen de gobierno fuerte, la encuesta de Enquire Asks está mostrando exactamente lo contrario: un gobierno debilitado ante la opinión pública. Todavía falta lo más delicado.

Oaxaca se encamina hacia un nuevo escenario electoral. Morena tendrá que defender su hegemonía y Jara será inevitablemente uno de los principales referentes de esa evaluación.
Cada error del gobierno será utilizado por sus adversarios. Cada escándalo familiar tendrá un costo electoral. Cada homicidio no esclarecido alimentará el discurso de la oposición. Cada señal de nepotismo será utilizada para cuestionar la supuesta transformación.
Cada crisis mal comunicada se convertirá en otro ladrillo en el muro de desconfianza que empieza a levantarse alrededor del oriundo de Betaza. Muy difícilmente podrá corregir el rumbo, ya no hay tiempo, vienen dos años electorales y su gobierno se acaba.
Por eso el 39.9 por ciento de Enquire Asks no es una anécdota, sino una llamada de emergencia que, si Jara decide ignorarla, el siguiente golpe no vendrá de una encuesta, sino de las urnas, porque lo mandaron al sótano.
Jara todavía tiene el cargo, el presupuesto y la estructura política. Lo que está perdiendo es algo mucho más difícil de recuperar: autoridad.
DE COLOFÓN:
SE REVELA EL VECINO, NO ACEPTA OFERTAS OFICIALES
Oigan, que al vecino Ray Chagoya, al que el propio Salomón Jara lo hizo a un lado, en un intento de que no haya fracturas internas en sus equipos, le ofertaron al edil capitalino una diputación local, antes ya le habían propuesto la Secretaría de Turismo, porque la titular Saymi Pineda se va a buscar una federal por Pochutla.
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Pero el vecino no aceptó ninguna propuesta, quiere la reelección y ha empezado a promocionarse en el Partido de la Transformación Oaxaqueña que dirige Salomé Martínez, no sabemos si le alcance para ganar, pero sí le haría un hoyo cuadrado a Morena que no anda bien en la capital oaxaqueña y eso al senador Luis Alfonso Silva Romo no le conviene. A ver cómo terminan.
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