En el marco de la conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, el defensor de derechos humanos Porfirio Flores hizo un llamado urgente para que la libertad religiosa sea un eje central en la discusión de la nueva Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos. Esta legislación, que reglamentará la reforma al artículo segundo constitucional, es vista como una oportunidad histórica para saldar una deuda pendiente con las comunidades originarias de Oaxaca.
Flores destacó que la historia de los pueblos de Oaxaca —incluyendo a los amuzgos, zapotecos, mixtecos y afromexicanos, entre otros— ha sido una de resistencia y dignidad durante más de 500 años. Sin embargo, lamentó que, a pesar de este espíritu indómito, muchos indígenas sigan siendo tratados como sujetos pasivos y enfrenten persecución por sus creencias.
Los pueblos indígenas no son los mismos de hace cincuenta años
El defensor señaló que la realidad social de los pueblos ha cambiado drásticamente en las últimas décadas. Según el abogado, es imperativo reconocer esta pluralidad para evitar que quienes discrepan de la fe católica sigan siendo víctimas de intolerancia, cárcel o expulsión de sus comunidades, actos que hoy se castigan como si la disidencia religiosa fuera un delito.
Él enfatizó que el desplazamiento forzado por motivos religiosos representa una “obscena mancha” en la historia de Oaxaca, estado que vio nacer a Benito Juárez. Recordó que Juárez arriesgó su vida para establecer la Libertad de Cultos a través de las Leyes de Reforma, buscando que cada individuo pudiera creer según sus propias convicciones.
Por ello, Flores sostuvo que incluir la Libertad Religiosa en la nueva ley no es solo un acto de justicia, sino un reconocimiento necesario a la lucha juarista. Desde Oaxaca, demandó que el nuevo marco legal garantice plenamente que los indígenas puedan ejercer la fe que su conciencia les dicté sin temor a ser hostigados o despojados de sus bienes.
