Familiares y amigos del profesor y activista Emeterio Marino Cruz, exigieron justicia por los actos de tortura y lesiones que sufrió el 16 de junio de 2007 por elementos de seguridad.

A 19 años de los hechos, los allegados del docente reiteraron que no cesarán en sus exigencias de justicia.

En un mitin realizado este día en el Zócalo de la ciudad de Oaxaca, las víctimas indirectas afirmaron que el caso de Emeterio fue orquestado por el Estado para sembrar terror entre los activistas y personas que luchan por sus derechos.

Sin embargo, resaltaron que dentro de su entorno los agravios sufridos por el activista sirvieron para reivindicar su nombre y continuar en la movilización en contra de los cacicazgos.

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“En 2008, 2009 y 2010, el magisterio organizó manifestaciones multitudinarias para recordar la violencia contra el magisterio y para acompañar a Emeterio y su familia en búsqueda de resarcir los daños contra él infligidos por el Estado”, reiteraron.

“La lucha por justicia de Emeterio nos condujo naturalmente a involucrarnos cada vez más en la lucha de la Sección 22 en Oaxaca, que no es sólo magisterial, sino que, en muchos casos, representa una movilización conjunta del magisterio con diversos sectores de los pobres del campo y la ciudad, de diversas capas de oprimidos en contra de los ataques que sufren”.

Emeterio Marino Cruz fue golpeado, torturado y abandonado por las fuerzas represivas durante el operativo conocido como “Operación Guelaguetza”.

El magisterio de Oaxaca denunció que, a pesar de las graves secuelas físicas que le dejó la violencia de Estado, hoy continúa siendo un símbolo de dignidad, resistencia y lucha.

En ese sentido, su familia reiteró que la exigencia de justicia sigue vigente.

“Emeterio Cruz fue torturado porque el Estado burgués buscó aplastar la lucha del magisterio democrático y enviar un mensaje de terror a todos los trabajadores.

“El ataque fue contra un compañero, pero también contra el conjunto del movimiento magisterial obrero; por eso, su defensa no puede depender de la simpatía personal, ni de disputas entre corrientes, es una obligación elemental de toda organización que se reclama democrática y de lucha”.