“El territorio no es una mercancía: es memoria, identidad, comunidad y vida. El despojo territorial implica no sólo la pérdida de tierra, sino la ruptura de tejidos sociales, formas de organización y relaciones comunitarias”, condenaron las agrupaciones que participaron en el Segundo Encuentro Nacional contra la Gentrificación y Turistificación, efectuado en la ciudad de Oaxaca.

En contextos urbanos, agregaron, los despojos se expresan como desplazamiento, ante aumento de rentas, turistificación, cambios de uso de suelo y expulsión silenciosa; en contextos rurales, como imposición de megaproyectos y extractivismo”.

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Abundaron: “Afirmamos que los procesos de gentrificación, turistificación y despojo que enfrentamos no son fenómenos aislados ni exclusivos de ciertos lugares, sino expresiones de un mismo modelo estructural que reorganiza los territorios rurales y urbanos en función de la acumulación de capital, a costa de la vida.

Este modelo impone una lógica que atraviesa todas las escalas: desde comunidades rurales afectadas por megaproyectos hasta colonias urbanas desplazadas por la especulación inmobiliaria; desde la privatización del agua hasta la mercantilización de la cultura; desde la precarización del trabajo hasta la criminalización de quienes habitan, trabajan y defienden lo común, lo público, lo colectivo”.

Condenaron que, hoy, las ciudades y los territorios son rediseñados para el turismo, la inversión extranjera y los grandes capitales, expulsando a quienes históricamente les han dado vida.

Ante ello, las agrupaciones determinaron fortalecer las asambleas comunitarias y barriales como espacios legítimos de decisión tanto en lo rural como en lo urbano.

Además, “impulsar procesos de defensa del territorio que integren ciudad y campo, reconociendo sus interdependencias; generar observatorios comunitarios de despojo y desplazamiento”.

Asimismo, construir mecanismos de defensa colectiva ante desalojos, desplazamientos y conflictos territoriales.