El 27 de octubre de 2021, Irma Galindo Barrios tenía 41 años. Desapareció en Ciudad de México en un contexto de conflicto comunitario en las localidades del municipio de San Esteban Atatlahuca, en el estado de Oaxaca, lugar en donde vivía y realizaba su labor de defensa de los bosques, que ha dejado un saldo de más de 100 casas quemadas y 300 habitantes desplazados, sin que tengan fecha de retorno.
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Irma Galindo Barrios, es una defensora comunitaria del bosque Ñuu Saavi. Ella junto con pueblos que hoy viven desplazados buscaban un mejor futuro ambiental para su comunidad, luchando por su bosque y conservando sus tradiciones. Lleva más de cuatro años desaparecida. |
Ese día, la guardabosques Ñuu Savi -mujer mixteca- fue vista por última vez en la Ciudad de México. La poca información existente es porque envió mensajes a sus amigas. Les contó que iba a una junta con el Mecanismo de Protección del Gobierno de México, organismo que ya le había otorgado protección y resguardo por las amenazas, criminalización y violencia que vivía.
La lucha de Irma por San Esteban Atatlahuca y la de tres pueblos más – Ndonoyugi, Mier y Terán y Guerrero Grande- pertenecientes al municipio de San Esteban Atatlauca, en la mixteca alta de Oaxaca era porque sus propias autoridades talaban árboles de maderas preciosas, para venderlas en el municipio mixteco de Tlaxiaco y otras zona de Oaxaca.
Los Ñuu Savi o mixtecos -uno de los 68 pueblos originarios que tiene México- se autodenominan como “pueblo de la lluvia” porque tienen una vinculación directa con sus montañas. Junto a su lengua, el territorio es su recurso más importante para seguir preservando su cultura.
La guarda forestal caminaba por los lechos del bosque y encontraba alivio a sus aflicciones. Escuchaba las aves cantar, veía los venados cola blanca cruzarse entre los senderos y apreciaba los frondosos pinos rojos de ocote y abetos blancos de la montaña “Yuku” que ahí crecían, eso le bastaba para sentirse libre y segura.
Estos pueblos que Irma, mujer de cabello negro y estatura media, recorrió en muchas ocasiones para evitar la tala ilegal y que después fueron su hogar, siguen luchando con sus vidas para que sus colinas verdes, que forman el cerro del Ratón y el llano de Oyameles, sigan siendo el pulmón de esa región de Oaxaca.
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Ella es Irma Galindo Barrios, guardabosques Ñuu Saavi quién denunció la tala de su bosque. Le quemaron su casa y desde 2021 está desaparecida. |
Ese día, la guardabosques Ñuu Savi -mujer mixteca- fue vista por última vez en la Ciudad de México. La poca información existente es porque envió mensajes a sus amigas. Les contó que iba a una junta con el Mecanismo de Protección del Gobierno de México, organismo que ya le había otorgado protección y resguardo por las amenazas, criminalización y violencia que vivía.
La lucha de Irma por San Esteban Atatlahuca y la de tres pueblos más – Ndonoyugi, Mier y Terán y Guerrero Grande- pertenecientes al municipio de San Esteban Atatlauca, en la mixteca alta de Oaxaca era porque sus propias autoridades talaban árboles de maderas preciosas, para venderlas en el municipio mixteco de Tlaxiaco y otras zona de Oaxaca.
Los Ñuu Savi o mixtecos -uno de los 68 pueblos originarios que tiene México- se autodenominan como “pueblo de la lluvia” porque tienen una vinculación directa con sus montañas. Junto a su lengua, el territorio es su recurso más importante para seguir preservando su cultura.
La guarda forestal caminaba por los lechos del bosque y encontraba alivio a sus aflicciones. Escuchaba las aves cantar, veía los venados cola blanca cruzarse entre los senderos y apreciaba los frondosos pinos rojos de ocote y abetos blancos de la montaña “Yuku” que ahí crecían, eso le bastaba para sentirse libre y segura.
Estos pueblos que Irma, mujer de cabello negro y estatura media, recorrió en muchas ocasiones para evitar la tala ilegal y que después fueron su hogar, siguen luchando con sus vidas para que sus colinas verdes, que forman el cerro del Ratón y el llano de Oyameles, sigan siendo el pulmón de esa región de Oaxaca.
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| Mujeres desplazadas de Ndoyonuyuji cultivan sus hortalizas como cilantro, lechuga y nopales en el refugio de Tlaxiaco, Oaxaca, como una forma de sobrevivencia. |
Dichas comunidades, habitadas por indígenas Ñuu Savi (mixtecos), pertenecen al municipio de San Esteban Atatlahuca, localizado a más de 3000 metros de altura, resguarda 2,500 hectáreas de bosque rico en abeto blanco, que es ambicionado por los talamontes, personas dedicadas a la tala ilegal, corte y extracción de árboles y recursos forestales sin la autorización de las autoridades.
Sentada sobre una silla de plástico en el albergue del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI) en Tlaxiaco, Oaxaca, donde vive refugiada desde hace cuatro años junto con otras 65 personas, una mujer que ronda los 50 años recuerda cuando personas afines al Movimiento de Unificador de Lucha Triqui (Mult) llegaron a su pueblo y les arrebataron la paz y su patrimonio.
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Mujeres tejen sus flores que admiraban en su bosque, y lo hacen para no olvidarlas. |
“Fue algo muy brutal lo que nos ocurrió aquel 23 de octubre del 2021, cuando un grupo de personas armadas quemó 132 viviendas, 92 en Guerrero Grande y 40 casas en Induyunujia, y desde entonces no hay retorno seguro. Las autoridades prometen, pero no hay garantía de que estaremos a salvo”, expresa con pesar la mujer que elige no ser identificada.
Agrega que, a pesar de las recomendaciones emitidas al Estado mexicano y al Gobierno de Oaxaca por la Comisión Interamericana para el Desarrollo, así como la Acción Urgente emitida por el Comité Contra la Desaparición Forzada, nada ha ocurrido, siguen viviendo en situaciones no deseadas.
La mujer que ha defendido a su comunidad sin importar la criminalización ni las amenazas, asegura que llevan cuatro años intentando sobrevivir en esta situación de desplazamiento.
“Las mujeres, niñas, niños y personas de la tercera edad son los más vulnerables al ataque, ya lo hemos denunciado y exigimos protección, porque nos han amenazado”, señala.
Las mujeres desplazadas exigen que la educación se cumpla, se respete como un derecho humano, agrega, “desde acá, afuera de nuestra comunidad, luchamos para que nuestras niñas y niños vayan a la escuela, reciban sus vacunas, y tengan dinero. Nada ha sido fácil. Acá lloramos, nos abrazamos, pasamos nuestros cumpleaños y hasta fin de año”.

| La convivencia es colectiva, ese es un refugio para las personas desplazadas: oír, mirar, sentir y bordar. |
Además, señala, conocen muy bien a los protagonistas de la violencia. “Sabemos con nombres y apellidos; las autoridades también saben quiénes son los involucrados de toda esta violencia que vivimos, pero no hacen nada. Cumplimos un año desplazados, pero ya no queremos más años, nuestra petición es volver a nuestras casas a seguir cosechando nuestra milpa y hacer vida allá donde nacimos, donde todo era bueno y puro”.
Sin otra opción, niñas y niños acuden a la escuela de Tlaxiaco. Han expuesto en papeles y dibujos su sentir: “Nosotros los niños exigimos”, es la leyenda de un cartel tapizado con sus cartas y dibujos en los que exigen volver a sus hogares sanos y salvos.
“Me corrieron a balazos, destruyeron mi comunidad, salí lejos de mi pueblo y me quemaron todas mis cosas y las de mi familia, nos quedamos sin nada”, expresa la carta de un niño mixteco que vive desplazado en ese refugio temporal de Tlaxiaco, que acompaña el Centro de Derechos Humanos y Asesoría de los Pueblos indígenas (CEDHAPI, AC).
La Fiscalía General del Estado de Oaxaca informó que se iniciaron carpetas de investigación por la desaparición de cuatro personas, derivado de la violencia que hay en las tres comunidades. El 25 de octubre de 2021 elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones localizó el cuerpo sin vida de una persona en el paraje Shinitoo, de la Agencia (comunidad) de Ndoyonuyuji, por el que abrió la carpeta de investigación 35213/FMIX/TLAXIACO/ 2021 por el delito de homicidio.
De acuerdo con un análisis realizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el mundo hay 82 millones de personas desplazadas forzadamente, lo que equivale a un aumento del 4 por ciento sobre el 2019.
En su informe 2020, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) informó que 16 ambientalistas fueron asesinados en México y que en ese mismo año hubo alrededor de 90 agresiones contra activistas en 65 ataques distintos.
Bordar para no olvidar
En una pared del refugio se aprecia un cartel grande con la inscripción: “Desplazados por la defensa de los bosques”. Está rodeado de proclamas y una manta que bordaron como señal de resistencia y para no olvidar lo que vivieron, lo que viven y lo que añoran.
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Con una manta enorme, las personas desplazadas no olvidan los hechos de octubre del 2021, cuando les quemaron sus casas. |
Ilse Riaño Paz tiene 30 años y 2 hijos. Dice que para ella bordar es una forma de resistir, y así ha sido durante este tiempo que viven desplazados.
En la manta de dos metros por un metro, el grupo expresó su sentir. Dividieron sus bordados en tres momentos. En el primero muestran las casas quemadas y la violencia que significó el desplazamiento. En el segundo plasmaron la actualidad, cómo viven en un espacio donde no pueden realizar todo lo que quisieran, pero no hay otro modo de vida. En el tercero, se imaginan retornando a su comunidad, donde la paz, la alegría, y la resistencia sean las formas de vivir.
Ilse asegura que desde que llegaron se organizaron y con la ayuda de un artista visual -también desplazado- comenzaron a bordar, tanto mujeres como hombres.
“Lo que quisimos hacer es mostrar quiénes somos. Vimos lo duro que es vivir desplazados y pensamos que (bordar) es una forma de obtener recursos. Vivimos desplazadas y desplazados y bordar eso que sentimos, es justamente para reafirmar nuestra identidad, decirles quiénes somos y qué estamos haciendo acá, en este lugar”, describe.
Con hilos de algodón de varios colores, agujas delgadas, manta y bastidores de madera tipo aro, las mujeres tejen blusas tradicionales de Atatlahuca Oaxaca, un municipio ubicado en la zona norte de la mixteca oaxaqueña.
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| Mujeres tejen sus flores que admiraban en su bosque, y lo hacen para no olvidarlas. |
Cielo también salió huyendo de su comunidad y es amiga de Irma Galindo. Considera que tejer significa “no olvidar”. Asegura que fue gracias a la guardabosques que retomaron estos textiles como una forma de nombrar lo que otros quieren que olviden, que es su cultura, su pueblo, y su propia identidad.
El arte textil de la comunidad de Atatlahuca es distinguido por grecas de colores vivos: rojo, verde y fuschia, tejidas sobre tela de manta color natural. También han elaborado flores y frutas que los distinguen como comunidad y ahora están representadas en un bordado.
El bosque es vida
El municipio de Atatlahuaca, Oaxaca, está dividido por 9 agencias municipales, (representaciones del Ayuntamiento en las comunidades) de las cuales, Guerrero Grande, Mier y Terán y Ndoyonoyuji se opusieron a la tala clandestina en 2 mil 640 hectáreas de bosque, actividad que aseguran, encabezó el presidente municipal Rogelio Bautista Barrios y el comisariado ejidal Eulogio Alvarado, a quién culpan de la violencia que actualmente viven.
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| En estas casas de lámina y de cartón viven las familias desplazadas desde hace más de cuatro años, desde este espacio conviven con sus hijas e hijos. |
En declaraciones públicas, la autoridad local ha negado cualquier hecho que se le acusa, e incluso, ha justificado la situación diciendo que en la cabecera municipal también hay otras personas desplazadas, por lo que ha exigido la intervención de las autoridades federales y estatales de forma urgente.
Magdiel Hernández Caballero, activista especializado de la defensoría de los derechos humanos del pueblo de Oaxaca, asevera que lo que viven las tres comunidades de Atatlahuca es una situación que se dio por la defensa del bosque, posteriormente por un tema agrario de disputa de tierras, y por la exigencia de recursos de los ramos federales 28 y 33, porque no ha habido obras sociales para las tres comunidades. Es decir, se requiere apoyo a la salud, calles rehabilitadas y apoyo para el campo.
“Todo ha sido muy triste y preocupante, porque de la nada todo lo perdimos. Yo extraño mi ranchito, mis gallinas, mis cultivos de maíz, frijol y calabaza. Acá en Tlaxiaco es otra forma de vida, todo es distinto”, lamenta Hernández Caballero.
Ley de desplazamiento forzado es de papel
En septiembre del 2025, Oaxaca nuevamente hizo historia al avalar desde el Congreso local la “Ley para Prevenir, Atender y Reparar Integralmente el Desplazamiento Forzado Interno”.
Pedro Hernández Bautista desplazado y representante de los refugiados de Ndonoyuji, explica que a pesar de sus denuncias y exigencias no saben nada de su retorno. Está enterado de la aprobación de la ley, sin embargo, asegura que pareciera que solo es “de papel”, pues a cuatro meses, no hay avances de tener un retorno seguro a sus comunidades.
“De nada sirve que exista una ley si todo es de papel, es decir, no hay nada, seguimos sobreviviendo con nuestros medios y como se pueda. Sí es algo muy complicado, porque a veces el personal del INPI nos dice que acá solo es para vivir, no nos dejan sembrar nuestras hortalizas y plantas, o nos dicen que no podemos tener nuestros animalitos, como cerdos, borregos, gallinas o patos, pero nosotros seguimos acá, porque no tenemos otro lugar a dónde ir y eso es muy triste”, señala Pedro.
Dicha Ley castiga el desplazamiento forzado y la negativa a facilitar el retorno de las familias, asimismo brinda acceso a asistencia humanitaria, educación culturalmente pertinente, información clara, medios de subsistencia y documentación gratuita, lo que, según los entrevistados, es aplicado a medias.
“Acá si no bordamos, no hacemos una actividad, no comemos. Entonces, esta ley, reafirmamos que sigue siendo de papel. No es verdad, al menos para las tres comunidades que acá habitamos”, recalca Sebastiana Paz.
Por su parte, Maurilio Santiago, activista de los derechos humanos de la CEDHAPI, afirma que son cientos de personas indígenas mixtecas afectadas por la violencia de la zona.
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| Entre casas de madera y de lámina viven las personas desplazadas, y en la parte trasera hay un espacio donde siembran maíz y frijol. |
“Eso que ocurrió en estas tres comunidades parece un sitio de guerra: casas quemadas, cuatro personas desaparecidas y varios desplazados, lo que nos indica que la violencia está fea en la zona. Lo que estamos haciendo es brindar acompañamiento. Ya hay denuncias y exigimos se haga una investigación exhaustiva para dar con los responsables”, apunta Maurilio Santiago.
Lamenta la falta de actuación del gobierno de Oaxaca, que en ese entonces estaba a cargo de Alejandro Murat, que asegura, no hizo nada para resolver el conflicto. Dice que es lo mismo con el actual gobierno, a cargo de Salomón Jara Cruz.
El defensor comunitario reconoció que la violación a los derechos humanos existe y es urgente que se investiguen los delitos cometidos, y que se dé cumplimiento a la acción urgente emitida por el Comité Contra la Desaparición Forzada.
A principios de este 2026, durante una conferencia semanal del gobierno de Oaxaca, Jesús Romero López, secretario de Gobierno, informó que 27 comunidades en la entidad viven desplazamiento forzado interno.
“Las familias que llevan mayor tiempo fuera de sus casas por la violencia, son las de comunidades como Río Santiago y Santiago Textitlán, ubicado en la Sierra Sur”, indicó Romero López.
En un comunicado, la titular de la coordinación para la Atención de los Derechos Humanos de Oaxaca (CADH), Flor Estela Morales Hernández expresó que la reubicación involuntaria es una realidad compleja, “requiere enfoques multidisciplinarios, marcos normativos claros, modelos de intervención comunitaria y capacidades institucionales consolidadas”.
Este año, las más de 70 personas de las comunidades de Oaxaca cumplirán cinco de vivir desplazadas, de no poder sembrar sus tierras, no cuidar de sus animales, y como lo hacían con la defensora Irma Galindo, de “evitar la tala clandestina en su bosque”.
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| Las mujeres son la fortaleza en este refugio, ellas cuidan, siembran, luchan y resisten. |
Aseguran que la tala no cesa, aumenta, puesto que antes del desplazamiento y de la desaparición de la defensora habían denunciado la presencia de siete aserraderos irregulares y actualmente hay más de una docena.
Para honrar su memoria, resisten, luchan y tejen. Este 2026, las más de 70 personas cumplirán cinco años de vivir desplazadas, de no poder sembrar sus tierras, de no convivir con sus vecinos y lo que más lamentan: “de no ver el bosque”.
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| Tejer para no olvidar. Así ven pasar sus días las mujeres de Ndoyonuyuji. Bordan orquídeas, Ita Saa, Xinu, Ita tyanuni, Yoko itu, entre otras. Son flores con nombre en mixteco para no olvidar su bosque y su vida que dejaron por la violencia hace 4 años. |
Mientras tanto, suman más de mil 500 días sin la guardabosques, Irma Galindo. Su amiga Cielo señala que pareciera que se la hubiera tragado la tierra puesto que “no se sabe nada de ella, ni ha dado señales de que esté viva”.
En las paredes de la capital de Oaxaca su nombre y rostro están inscritos con letras en grafitti para no olvidarla.


















