Imagine usted que de pronto todos los “corruptos” de antaño y también los del presente son puestos tras las rejas, es decir, sean encarcelados; el “problema” sería que nos quedaríamos sin gobernantes y no habría millonarios mexicanos. Me refiero a esto porque, en días pasados, la filosa espada de las redes sociales exhibió y condenó la actitud de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) porque adquirió nueve vehículos blindados con un costo de aproximadamente 20 millones de pesos (mdp).
La SCJN aclaró, en un comunicado, que la decisión de comprar tales unidades obedece a la política interna que “obliga” a evaluar periódicamente los riesgos y tomar acciones preventivas, (se entiende que para garantizar la seguridad de las ministras y ministros que se arriesgan o están en peligro) y que el reemplazo “necesario” surgió porque los vehículos previos ya no cumplían con los estándares requeridos para una eficiente protección y seguridad.
Pero el verdadero problema, al menos para la reflexión y enseñanza de la población, no radica en la inservible situación de unidades o vehículos, o la decisión de sustituirlos para garantizar la seguridad de los ministros; la razón del cuestionamiento a la “denuncia”, por redes sociales y medios informativos, se enfoca en el marco donde la “Cuarta Transformación” (4T) y Morena presumen a los cuatro vientos la “austeridad” y el “combate a la corrupción”, pero que ésta, en lugar de acabar, se ha profundizado.
Ya resulta bastante claro que la austeridad pregonada se ha quedado en el discurso; aunque, desde que AMLO tomó el poder en 2018, difundió que la corrupción sería desterrada y que se acabaría de fondo, en los siete años de administración morenista, los gobernantes no son menos corruptos; ejemplos sobran y basta ver el círculo familiar del expresidente para notar el influyentismo que se suma a la corrupción en el poder.
Los medios y las redes han documentado casos como el de Fernandez Noroña, Adán Augusto, Ricardo Monreal, y muchos otros que, con sus acciones, contradicen la sonada austeridad; en su comportamiento como hombres del poder prevalece una gran incongruencia, pues reciben cuestionamientos cada vez más fuertes; incluso se ha denunciado permanentemente que los excesos y lujos de integrantes de Morena echan abajo el discurso que los llevó al poder en todo el país.
Indudablemente debemos desenmascarar a los corruptos y a quienes pregonen falsa austeridad; pero también debemos saber que cuando hablamos de corrupción es necesario considerar que ésta se produce en el sistema capitalista, modo de producción que crea todos los problemas sociales y cuyo funcionamiento ‒con un Estado supuestamente democrático y la forma en que está organizada la sociedad‒ está al servicio de las empresas privadas, con las que la producción de mercancías y la obtención de la máxima ganancia priva sobre todo, y donde los corruptos consiguen una parte de la riqueza producida.
Desde esta perspectiva, la corrupción no es un problema subjetivo, sino inherente al sistema político-económico actual; y tocaría al Estado intervenir para resolverlo, instrumentando medidas públicas que eviten que los funcionarios se vean tentados a adueñarse de la riqueza destinada para otros fines; sin embargo, no es ése su objetivo. La corrupción consiste llanamente en mover o distribuir de manera “ilegítima” una parte de los recursos pertenecientes a sociedad, a manos de políticos o acaparadores; es hurto, es un robo.
Como la corrupción nace de la misma concentración de la riqueza y del afán de unos cuantos de acumular y lucrar, algo propiamente inculcado por el sistema y que genera la tentación de abusar del cargo para enriquecerse más, la solución no consiste en atacar la corrupción como pretenden Morena y la 4T, sino en ambiar el sistema actual por otro nuevo donde la riqueza social sea distribuida entre todos; y mientras esto no ocurra, la corrupción y la falsa austeridad sólo crearán más pobreza y marginación. La verdadera solución es acabar con el régimen económico y político en que vivimos, terminar con el capitalismo, que sólo genera desigualdad social. Por el momento, querido lector, es todo.









