En el año 2022, según datos oficiales del Sistema de Consulta de la Estadística de las Elecciones del INE, con un total de 696,488 votos, Salomón Jara logró ganar la gubernatura del estado de Oaxaca. Sin embargo, con el 61.30% fue el estado que mayor porcentaje de abstención registró en los comicios de ese año.
Ante estos resultados, en aquellos tiempos se comentaba, entre líderes de opinión, así como entre el pueblo Oaxaqueño, que el factor que lo impulsó a ganar fue el efecto Obradorista, porque por sí sólo no contaba con un discurso político convincente. Ni una trayectoria política significativa.
Por tal razón, y ante toda la evidencia tangible que se ha dado a conocer durante estos tres años del (des) gobierno de Salomón Jara, se cuentan con todos los elementos para deducir que, si no tuvo discurso político durante su campaña electoral fue porque ha demostrado que no contaba con lo necesario para gobernar a nuestro estado.
Hoy en día, estamos en la antesala del proceso de revocación de mandato, por lo que los afines al oficialismo estatal, entre diputados, funcionarios, actores políticos y los denominados defensores de la primavera, señalan y presumen como una oportunidad histórica que coloca al pueblo de Oaxaca en el centro de las decisiones políticas, fortaleciendo la democracia popular y participativa.
Nada más alejado de la realidad; una verdad a medias.
En primer lugar, de acuerdo con diversos postulados de la Teoría Política, la democracia participativa es un modelo que busca ampliar el poder de los ciudadanos, permitiéndoles involucrarse en las decisiones gubernamentales y en el diseño de políticas públicas, más allá de un simple voto, impulsando su participación en mecanismos democráticos como lo son las consultas.
No obstante, también promueve la participación de la ciudadanía en la elaboración de presupuestos participativos y asambleas para la toma de decisiones, no sólo para fomentar los “diálogos vecinales”, por ejemplo. Dicho esto, ¿cuándo consultaron a los oaxaqueños para autorizar el aumento del pago de tenencia para este año? ¿En qué momento participó la ciudadanía para aprobar la compra por más de 3 millones de pesos de papel picado para decorar el centro histórico de la ciudad durante las festividades de la Guelaguetza? ¿En qué momento consultaron a los usuarios de la alberca del DIF para autorizar su cierre y posterior sellado con concreto? Pero mejor aún, ¿cuándo le pidieron al pueblo sabio del estado su opinión para tapizar de familiares las dependencias de gobierno?
En segundo lugar, el grupo “Defensores de la Primavera Oaxaqueña”, de manera recurrente señalan los resultados que han transformado con bienestar a nuestro estado, con los cuales tienen por objetivo promover la continuidad de Salomón Jara. Señalando, principalmente, el crecimiento económico, inversión, condiciones de gobernabilidad y de seguridad pública.
En temas de inseguridad pública, datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, tan sólo en diciembre del 2025, el estado de Oaxaca se ubicó como la novena entidad con mayor número de homicidios dolosos (80), mientras que, de enero a diciembre del 2025, con un acumulado de 878 homicidios dolosos, superando el promedio nacional (730.44) se coloca en la posición número 13. Lejos de ese viejo legado de ser de los estados más seguros del país.
Sobre el tema de inversión, la Dirección de Estadística y Análisis Económico de la Unidad de Inteligencia Económica Global de la Secretaría de Economía Federal, en su más reciente reporte de flujos de inversión da a conocer que durante el primer trimestre del 2025 Oaxaca registra una pérdida de 0.6 millones de dólares, para el cierre del segundo trimestre los números negativos continuaron con la salida de 14.1 millones de dólares y, para el cierre del tercer trimestre del 2025 la salida de inversiones fue de 7.6 millones de dólares.
En cuanto al crecimiento económico, el Indicador de la Actividad Económica Estatal, generado por el INEGI, señala que, al cierre del segundo trimestre del 2025, Oaxaca registra una disminución del 2.7% con respecto al mismo periodo del año anterior. Con las principales disminuciones en la industria manufacturera (-9.7%) y servicios de esparcimiento culturales, y de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas (-19%).
Sumado a esto, con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, se genera el índice de Gini para calcular la desigualdad laboral, obteniendo que este índice pasó de 0.392 durante el segundo trimestre del 2025 a 0.400 al cierre del tercer trimestre. Esto significa que la desigualdad laboral se mantiene alta. Sin dejar de mencionar que tan sólo en diciembre del 2025 se registra -2,984 empleos formales.
En materia de gobernabilidad, más allá de los datos e interpretación de éstos, se encuentra la percepción ciudadana que día a día observa como el nepotismo se hace ley. Pero también padece el contraste que existe entre lo que dice Salomón Jara en su discurso y la realidad de cada día.
Para muestra el pasado 16 de diciembre, mientras el (des) gobernador señalaba que solo eran “puro ruido” las acusaciones sobre los hospitales sin medicamentos, su mentira le duró poco, ya que en esa misma conferencia un reportero lo desmintió diciendo con una experiencia directa en el Hospital Civil de Juchitán, donde -dijo- no encontró medicamentos suficientes tras un incidente de salud.
Como este ejemplo, a lo largo de estos tres años podemos encontrar muchos más. Usted, estimado lector, decida cuál es el más representativo.
En un contexto de revocación de mandato todas las fallas, mentiras, falta de juicio, acoso laboral y sindical, nepotismo, entre otras, tendrán un peso específico que indudablemente moverá el plano político estatal. Para muestra, lo activos que han estado funcionarios de gobierno, tanto en redes sociales, así como en sus “gestiones sin fines de lucro” a pesar de estar en veda electoral.
Es por lo que, fuera de todo fanatismo y culto a un partido político, la estadística jugará un papel fundamental. De los resultados que se registren el próximo domingo se pueden deducir algunos escenarios.
El primero, si Salomón, a pesar de tener todo el aparato estatal, no obtiene el doble de votos con los que ganó (696,488), demostrará que ya no cuenta con peso político, y que no logró consolidar la legitimidad de su proyecto político.
En un segundo caso, si logra obtener más votos que en el 2022, pero con un número importante de votos en contra, se puede inferir que el condicionamiento -acoso- laboral documentado, registrado por parte de autoridades municipales y oficinas gubernamentales, fue el factor determinante de sus votos a favor. No así el aprecio popular.
En un tercer escenario, si los votos son menos que los registrados en el 2022, con una ponderación menor de 1 a 4 en contra, entonces, aunque gane y se mantenga como gobernador, se demostrará que ya no tiene la legitimidad mínima necesaria para gobernar.
Y, en un cuarto caso, si además de no igualar la cifra que lo llevó a ser gobernador, son más los votos en contra de su continuidad, entonces sí se puede asegurar que este proceso fue algo histórico.
En términos generales, en todos los escenarios, Salomón Jara pierde ganando.
Situación que, de acuerdo con fuentes cercanas a Palacio Nacional, siguen de cerca, al no ser un proceso menor. Ya que la solidez de Morena está en juego, lo que suceda en Oaxaca servirá como parámetro para las próximas elecciones intermedias.
Porque, aunque Morena lo hizo ganador, se infiere que, en función de todas las irregularidades registradas durante estos tres años de gobierno, sigue vigente la hipótesis sobre que Salomón Jara terminará por ser el verdugo político de Morena en Oaxaca. Por más que siga mencionando que AMLO es su amigo, aunque tomándolo desde el aspecto positivo ojalá fuera cierto y pronto se vaya a “La Chingada”, allá en Tabasco.









