Los servicios de salud en México van de mal en peor; y tres hechos recientes suman y confirman la afirmación: primero, las protestas que se incrementan en al menos 10 estados, a pesar de que la Presidenta declare que no existen; segundo, la muerte de cinco recién nacidos en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital General de la Zona I del Instituto Mexicano del Seguro Social, en Durango, conmovió a miles de mexicanos; y, tercero, que un paciente con diabetes se encadenara en la entrada del centro de salud del IMSM-Bienestar de Tabasco para exigir la entrega de medicamentos.

A los tres sucesos, viene a sumarse ⎼con una gran interrogante de si se cumplirá⎼ la declaración de Claudia Sheinbaum Pardo de que, en enero de 2027, se iniciará con la apertura de 12 mil 750 consultorios del Servicio de Salud Universal en los 24 estados federalizados al IMSS-Bienestar; el último hecho reafirma que en México se juega con la salud del pueblo y que frecuentemente el Gobierno Federal debe anunciar “nuevas” acciones que nunca se concretan en atención a la salud mexicana.

La realidad es que la crisis de salud aumenta; lo han expresado los pacientes y sus familiares, los mismos trabajadores de algunos hospitales salieron a denunciar y reclamar al gobierno que atienda y resuelva la escasez de medicamentos, que surta los insumos necesarios a los centros de salud y que que se contraten más médicos.

En septiembre ⎼durante manifestaciones de personal de salud, pacientes y familiares en Oaxaca, Nayarit, Tabasco, Veracruz⎼ los reclamos por medicamentos, la falta de camillas, pruebas para los recién nacidos y las carencias de insumos han complicado el trabajo médico.

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La “Cuarta transformación” (4T) lleva ocho años en el poder y las deficiencias en salud se incrementaron; casos como los arriba narrados se ven con frecuencia en prácticamente todos los estados, sobre todo en las zonas marginadas, en pueblos y colonias olvidadas; esto ha provocado más privatización del sistema de salud.

Se ha responsabilizado del desabasto a proveedores y farmacéuticas, a las fallas estructurales en logística y a la centralización efectuada por el gobierno con la “Megafarmacia” o en Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México.

Ahora, la creación de los “Consultorios del Servicio de Salud Universal” refuerza la percepción de que en éste sexenio, como en el anterior, sólo se administra el problema, pero no se resuelve de raíz; se argumenta que es una “herencia neoliberal”, y se repite la cantaleta de que el sistema de salud estaba en “ruinas” porque se había abandonado por décadas. ¡Nada más absurdo, cuando este gobierno lleva ya ocho años!

Los gobiernos morenistas han recortado recursos destinados a la salud en términos reales; por ejemplo, entre 2024 y 2026 se registró “un tijeretazo” de hasta 12 por ciento (122 mil millones menos) en programas fundamentales y se afectó la salud reproductiva y la atención a pacientes con el virus de la Inmunodeficiencia Humana, salud mental y, sobre todo, en la prevención de enfermedades; para el año 2025, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público registró un recorte de tres mil 714 mdp a la Secretaría de Salud; y en 2026, el presupuesto proyectó una reducción real de 4.3 por ciento.

En México vivimos una crisis estructural en el sistema de salud; el problema genera protestas en todo el país; los mexicanos, en los diferentes sectores, perciben que la 4T prioriza su supervivencia electoral por encima de la salud pública. La cifra del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, de que 44.5 millones de personas (34 por ciento de la población) no tienen acceso a servicios de salud; y casos como el de Durango y Tabasco, así como las constantes protestas, reflejan que la salud de los mexicanos no es prioridad para los gobiernos de Morena. Por el momento, querido lector, es todo.