Estamos a pocos días de que se inaugure y se emita el primer silbatazo del Mundial de Futbol 2026 en el gran Estadio Azteca, recién bautizado tras una supuesta remodelación de al menos tres mil millones de pesos (mdp), como Estadio Ciudad de México o Estadio Banorte; ésta será la tercera ocasión que reciba una Copa del Mundo: la primera fue en 1970 y la segunda en 1986. El evento generará supuestamente una “gran” derrama económica en México, así lo aseguran gobiernos, empresarios y organismos internacionales. Lo cierto es que también se plantea un gran derroche económico.
En las tres ciudades-sede, Guadalajara, Monterrey y la Capital mexicana, el gasto de recursos en las remodelaciones y preparativos lleva meses; y al menos en la CDMX, gobernada por Clara Brugada, todo está a marchas forzadas; incluso, se sabe que innovaciones, como “la Calzada elevada” en Tlalpan, no estará terminada como se proyectó; y que, si se concluye, sería un mal proyecto con riesgos; y que sólo habría sido un gasto inútil en la gran metrópoli. Por esas razones, valen las preguntas: ¿traerá realmente el Mundial una derrama económica que beneficie a los mexicanos o únicamente será un derroche de recursos federales que bien pudieron usarse para verdaderas prioridades?; y ¿cuánto realmente es lo que está costando y quién lo paga?
Con información pública, la Presidenta anunció que el Gobierno Federal aportaría entre mil 500 y dos mil mdp para cada sede enfocándose en infraestructura de transporte: la Línea 2 en la CDMX, la Línea 5 en Jalisco y las Líneas 4 y 6 en Nuevo León. En la Capital del país, se anunció una inversión adicional de dos mil 200 mdp del Gobierno capitalino para mejora urbana alrededor del Estadio Ciudad de México, cifra que se sumó a los tres mil mdp de capital privado para su remodelación.
En la prensa mexicana se ha difundido el contrato firmado por el expresidente Enrique Peña Nieto, en el que aceptó las condiciones para que se declarara sede: una garantía fiscal que contemplaba exenciones generales de impuestos federales y locales, las cuales incluirían servicios públicos sin costo para la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), y eso sería un “cheque en blanco” a su favor, pero con cargas significativas para todos los contribuyentes mexicanos; o sea que, aunque la mayoría de los mexicanos no puede ni acercarse a pocos metros del Estadio Azteca ‒y mucho menos ingresar por el alto costo de los boletos‒ de cualquier forma, nuestra aportación en impuestos ya está facturada.
La televisora ESPN comparó a nuestro país con Estados Unidos (EE. UU.) y Canadá ‒ también anfitriones del Mundial‒ para destacar que México otorgó una garantía de “exención total” a la FIFA y los otros dos Estados negociaron beneficios limitados. Esto no es un asunto menor, porque significa que México renunció a cobrar el IVA e ISR y las contribuciones locales sobre los ingresos operativos del organismo y sus socios durante el evento. Entonces, aunque el Gobierno Federal pudo haber negociado, la FIFA, sus proveedores y contratistas serán los beneficiados.
El gobierno morenista plantea que los partidos en el Azteca atraerán entre cinco y seis millones de visitantes adicionales y que la derrama económica alcanzaría los 60 mil mdp, y al menos 20 mil mdp serían captados por el sector turístico de la CDMX. Aunque el sector hotelero ya aumentó sus precios de hasta 333 por ciento en Guadalajara, 218 en Monterrey y 173 en la CDMX. Esto ha generado cancelaciones para los visitantes; la misma FIFA alerta sobre un déficit crítico en la capacidad de alojamiento en Monterrey.
Al concluir los 38 días de competencias, el río de los miles de millones invertidos en infraestructura, las exenciones fiscales y eficacia en la CDMX y las otras dos sedes en transporte, hoteles y demás infraestructura se sabrá si la derrama económica benefició al país o el derroche económico resultó mayúsculo, y únicamente quedarán los tristes recuerdos de la “Calzada elevada” inservible y que sólo afeó partes considerables de la calzada Tlalpan de la CDMX.
Lo cierto es que el Mundial destaca como un negocio redondo para unos cuantos magnates; y los pobres del México y del mundo pagaremos lo “invertido” en los preparativos. Por otro lado, un mes de mundial luce como circo, pero ya sin pan frente al pueblo; muy conveniente para olvidarse de los graves y grandes problemas que aquejan a la humanidad. Por el momento, querido lector, es todo.
