En un espacio donde el misticismo y la fe se apoderaron del ambiente, miles de feligreses y turistas abarrotaron este Viernes Santo las principales calles del Centro Histórico de la ciudad de Oaxaca para presenciar la Procesión del Silencio.
Al caer la noche, la ciudad transformó su habitual bullicio en un respetuoso recogimiento.
El recorrido avanzó a paso solemne, iluminado únicamente por la tenue luz de cientos de cirios encendidos que portaban los participantes, creando una estampa de profunda devoción que estremeció el corazón de locales y visitantes por igual.
La Procesión del Silencio se mantiene como una de las expresiones más profundas y arraigadas de la Semana Santa en la capital oaxaqueña.
Durante el trayecto, el único sonido que rompió la quietud fue el eco rítmico y lúgubre de un tambor, marcando el compás de una marcha que invita a la reflexión.
Es un momento donde la ciudad guarda silencio para escuchar su propia historia, su fe y sus tradiciones
Ante la enorme afluencia de personas que se dieron cita para presenciar este acto religioso y cultural, las autoridades municipales desplegaron un operativo de seguridad y vialidad en el primer cuadro de la ciudad.
Hasta el momento, los cuerpos de seguridad y protección civil reportan saldo blanco.









