Bajo el intenso sol que caracteriza el cuarto viernes de Cuaresma, las calles del corazón de Oaxaca se transformaron este mediodía en un oasis de convivencia y fe. Cientos de oaxaqueños y turistas se congregaron en la zona centro de la capital para participar en la tradicional celebración de La Samaritana, una de las costumbres más hospitalarias y queridas de la entidad, donde el aroma a flores y el sabor de las frutas locales invadieron el ambiente.
Esta festividad, que retoma el pasaje bíblico del Evangelio de San Juan sobre el encuentro de Jesús con la mujer samaritana en el pozo de Jacob, se materializó con la instalación de puestos adornados con arcos de palma y buganvillas.
Al pie de la histórica Iglesia de la Sangre de Cristo y Carmen Alto, se compartieron sonrisas y hospitalidad, reafirmando el compromiso de la comunidad por mantener vivas sus raíces y transmitir a las nuevas generaciones el orgullo de sus tradiciones culturales.
La variedad de sabores fue el sello distintivo de esta tradición única en Oaxaca, en la que se ofrecieron a los asistentes las emblemáticas aguas de chilacayota, horchata con tuna, limón con chía y jamaica, además de las tradicionales nieves artesanales.
La generosidad de los participantes permitió que locales y visitantes disfrutaran de estas bebidas frescas, convirtiendo el espacio público en un punto de encuentro donde se celebró la identidad oaxaqueña en su máxima expresión.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por promover una cultura de sostenibilidad, el impacto ambiental fue notable. Aunque es una tradición que fomenta la unión, no todos los asistentes acudieron con sus propios vasos o recipientes reutilizables, lo que provocó que los contenedores de basura en el primer cuadro de la ciudad se saturaran con gran rapidez.














