A ocho días del fallecimiento de las gemelas Beshani y Beshina en el albergue de tránsito “Casa Pato”, la madre de las menores, Louis M., rompió el silencio para denunciar la frialdad con la que el Gobierno de Oaxaca operó su expulsión del estado.
En una llamada telefónica de 12 minutos con el columnista Alejandro Leyva, la mujer reveló que, mientras ella apenas asimilaba la pérdida, la maquinaria estatal ya tenía listo un plan de salida.
“No hicieron justicia. Saliendo del cementerio, nos llevaron directo al aeropuerto para la Ciudad de México; ya tenían los boletos de avión listos”, sentenció con una voz suave pero cargada de impotencia.
La tragedia, ocurrida el pasado 24 de febrero cuando las pequeñas cayeron en una fosa séptica con una tapa podrida, fue seguida por un hermético protocolo de aislamiento.
Louis M. aseguró que el personal de la Fiscalía y el DIF estatal, bajo las órdenes de la administración de Salomón Jara e Irma Bolaños, la mantuvieron retenida en un hotel sin contacto externo.
“Estábamos encerrados. Salimos en vehículo a la morgue y volvimos a salir; fue solo para llevar su cuerpecito de las niñas”, relató la madre, describiendo un proceso donde su única participación fue elegir la ropa que vestirían sus hijas en un sepelio organizado íntegramente por el gobierno.
Bajo la sombra de la negligencia institucional, las gemelas fueron sepultadas en “completo silencio” y posiblemente en Tlacolula de Matamoros, ya que la mujer migrante no conoce la entidad.
Louis M. describió que el entierro se realizó “lejísimos” y que ahora depende totalmente de la voluntad del DIF para poder visitar la tumba o llevarles flores.
En medio de este aislamiento, la madre asegura haber recibido presiones y ofertas de una residencia legal de un año a cambio de su silencio.
“Me decían que las autoridades no iban a hacer nada, que ellos actúan frío ante esos casos. Me ofrecieron residencia, pero les dijimos que no; me lo querían dar por la muerte de mis hijas”.
Para Louis M., la muerte de sus pequeñas no fue un accidente inevitable, sino una falla de seguridad criminal. “Tapa podrida se subieron las niñas; tenía que haber gente que pudo ver si se estaban acercando ahí para evitar eso”, señaló con dolor.
La madre sostiene que la falta de vigilancia en el albergue y las condiciones precarias de la infraestructura son las verdaderas causas de lo que ella califica como “una muerte fea”.
La urgencia del Gobierno por deshacerse del testimonio de la madre culminó en un traslado forzado que no dio espacio al luto.
Escoltada desde el camposanto hasta el aeropuerto, Louis M. fue enviada a la Ciudad de México con conexión a Monterrey, alejándola del foco de la polémica en Oaxaca.
Con esta acción, la madre denuncia que el sistema estatal optó por enterrar sus errores en el anonimato, utilizando boletos de avión y documentos oficiales para desterrar a quien hoy exige justicia por una negligencia que le arrebató a sus hijas.









