El año 2026 empezó complicado, pero ya algunos estudiosos y analistas lo habían previsto; plantearon que el mundo enfrentaría entornos geopolíticos y económicos muy complejos; evidentemente, presentaría también dificultades en el aspecto social, es decir para la humanidad y, sin lugar a dudas, más directamente para los mexicanos.
Sobre estas perspectivas, especialistas han pronosticado que las elecciones intermedias en Estados Unidos y otros procesos semejantes en América Latina se realizarían ante un contexto de alta fragmentación política y social; al transcurrir los primeros dos meses de este 2026, los hechos muestran que las hipótesis se están convirtiendo en afirmaciones.
Para México, las cosas no son nada sencillas; tanto la economía como la política ejercida por el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo responderán a los intereses extranjeros, seguiremos con una política dependiente, “al son que le toquen” las potencias económicas, concretamente la política bélica e intervencionista estadounidense encabezada por Donald Trump.
Así que las aguas turbias, que se mueven con más velocidad y fuerza en México, exhiben objetivos muy claros tanto internacional como nacionalmente: un tablero político en el que no se considera a los mexicanos y menos en atacar los problemas sociales, que más que erradicarse se profundizan; así lo evidencia la crisis educativa, de salud, seguridad, el ataque a la pobreza y, en general, no existe un cambio en la forma de ejercer el poder desde Palacio Nacional.
Porque la publicación del libro de Julio Scherer Ibarra, Ni venganza ni perdón, acompañado por Jorge Fernández Menéndez, la intensa campaña por detener el brote de sarampión, la destitución de Marx Arriaga, así como los apresurados cambios efectuados por la Presidenta ni son casuales ni carecen de fondo? Indudablemente nada en política es casual; más bien, todo está planificado desde las altas esferas del poder; pero surgen preguntas: ¿hacia quién y a qué intereses está orientado lo que estamos presenciando?
En México “El libro de Scherer Ibarra sacude al morenismo”, así lo afirmó el diario El País en el titular de la nota del 16 de febrero; y en el texto asegura que las “revelaciones” ahí vertidas “ponen en guardia al oficialismo en un momento de ajustes y cambios internos”; la respuesta fue colectiva, ni tardos ni perezosos, el partido de Morena y las principales figuras del gobierno, empezando por Sheinbaum y otros funcionarios de la “Cuarta Transformación” reaccionaron para desacreditar al periodista.
Y aunque todo parezca aislado, no es así; más bien, las reacciones surgieron tras la “renuncia” de Alejandro Gertz Manero a la Fiscalía General de la República, luego de la salida de Adán Augusto López de la coordinación de Morena en el Senado, del cambio de José Romero Tallaeche, en el Centro de Investigación y Docencia Económicas y de la destitución de Marx Arriaga de la Dirección General de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública.
El libro recopila bien la información presentada; y un tema que más golpea al oficialismo es lo relacionado con “el rey del huachicol”, Sergio Carmona, empresario de Tamaulipas, a quien se atribuye el financiamiento de campañas electorales para Morena durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
Las pugnas en Morena son evidentes y se producen el año previo a las elecciones; es decir, cuando se debe designar a quienes ocuparán puestos de elección popular, por lo que no es muy difícil concluir que la mandataria pretende fortalecer su grupo político y, por otro lado, deslindarse en serio de cierto lastre del obradorismo.
Sea como sea, para partido oficial no es momento para dividirse, porque podría ser mortal; más bien, su dirigencia y sus gobernantes deberían mostrar algo de “unidad y fortaleza” ante los embates y objetivos para someterse al imperialismo yanqui; y tiene las manos bien metidas en varios de “esos diablitos” que alebrestan las aguas turbulentas de la política mexicana. También es cierto que las pugnas internas, más temprano que tarde, se reflejarán en las urnas en 2027. Parece que, en Palacio Nacional, no se cercioran de que están jugando con lumbre. El tiempo, que no perdona, dará la respuesta. Por el momento, querido lector, es todo.

27 febrero, 2026






