A Valentina, la quinta llamita.
Ante una ingobernabilidad cada vez más soberbia y desatada, la sociedad civil se reorganiza para frenar el abuso del poder morenista en Oaxaca, por un lado, pero por otro también para enfrentarse al peligro y las “graves crisis climática, política, económica y humanitaria y de cara a una preocupante avanzada de la derecha y de gobiernos autoritarios”, por donde ya camina muy rápido el régimen de la PRImavera. Pareciera que esta reorganización social fuera producto de la experiencia de la lucha del 2006 contra el “régimen de la barbarie” de Ulises Ruiz, y que sea hasta esta administración de una acumulación de experiencia durante estos infaustos 19 años, en que el predominio de usos y costumbres del priato sigue vigente, como acaba de ocurrir con ese simulacro de revocación de mandato, y más bien con ese obsequio de un penalty de la autoridad electoral que consiguió la continuidad. La UNAPO Unidad Anticapitalista de los Pueblos de Oaxaca ya había anticipado en un documento público sobre la farsa de la revocación, aunque no fue propiamente con ese propósito que se integraran, con el respeto a su independencia y autonomía de origen; y al final prevalezca la unidad y el consenso como si se tratara de una asamblea comunitaria.
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Esta reorganización de la sociedad civil no es un ensayo ni una nueva narrativa, sino una manera de reivindicación de derechos y libertades, de defensa del territorio, de los derechos fundamentales, contra el despojo de los recursos naturales, de la explotación humana y el extractivismo de las empresas transoceánicas y de la corrupción del gobierno mexicano. La reorganización obedece también al abuso del poder y la represión del régimen ante los reclamos populares; la corrupción que pudre todas las estructuras de las instituciones del Estado y que somete a los órganos judicial, legislativo (y hasta electoral). En Oaxaca se hace según el humor con que amanezcan el gobernador, el secretario de Gobierno y el Rasputín del mandatario, el tal Geovany, que regularmente es con soberbia, prepotencia, promesas y engaños y una perorata “goebbeliana” para recrear su surrealismo a muchos años luz de la realidad de Oaxaca. Las organizaciones sociales no es que vayan a marchar multitudinariamente y llenar las plazas de la ciudad, sino que plantearán a las autoridades sus crisis y conflictos que se han venido postergando y solo encuentran el eco de sus propias demandas, con gozonas y guelaguetzas, y con los baños de pueblo que el gobernador se da diariamente recorriendo el territorio oaxaqueño. No se trata de capitalizar los movimientos anteriores o del 2006, sino de descubrir otras formas de lucha. Parece que se ha entendido que solo la reorganización de la sociedad podría construir un Oaxaca que la gente aspira desde hace mucho tiempo. Ya intelectuales y académicos, también se han organizado en algo que han dado en llamar Colectivo Poder Ciudadano contra la simulación, falta de transparencia, corrupción y abuso del poder gubernamental. Además, hacen un llamado a la organización de la sociedad, para hacer frente a los abusos del poder. Sin duda que este movimiento despertará alguna inquietud en el régimen morenista, pero dada su soberbia y falta de criterios y políticas para solucionar esas montañas de crisis que sepultan al pueblo oaxaqueño, se corre el peligro de que recurra para contener las demandas populares a métodos fascistoides.
So long raza.









