Las imágenes cotidianas sobre el uso de las redes sociales (RR. SS.) son muy reveladoras y quizá aterradoras, pues más que funcionar como herramientas tecnológicas de comunicación y medios para la mercadotecnia, están generando estragos, sobre todo en las infancias. Las RR. SS. se han convertido en una adicción y un vicio que están modificando la conducta de las personas.
Minuto a minuto, las RR. SS. están trastocando la vida diaria de los mexicanos. Imagina: vives en la CDMX, entras a un vagón del Metro con la esperanza de encontrar asiento libre, tiendes la vista al fondo y a los lados, y no lo encuentras, otra vez viajarás de pie; lo bueno es que tu recorrido sólo lleva cinco estaciones; pero te sorprendes de que de las 36 personas sentadas, 31 (86 por ciento) están encorvadas, la vista hacia abajo y no parpadean; su dedo índice se mueve rápidamente sobre la pantalla del celular; por la velocidad en que lo hacen; resulta obvio que están en Facebook, Instagram o TikTok.
En otra escena, en una colonia de Puebla, al sur de la Ciudad, una señora de 58 años organiza una reunión familiar: sus dos hijas con sus esposos, tres de sus hijos con sus esposas; los nietos, de entre siete y 14 años; 11 invitados en total. La hora de la comida llega y todos, medio amontonados, buscan un lugar para disfrutar el guiso de la abuela; los platos se sirven, el silencio reina, sólo el ruido de las cucharas se escucha, nadie habla…
Algunos nietos con cuchara en la mano derecha se acercan la sopa a la boca; en la otra, el celular proyecta una serie o algún reel (video corto) de Facebook o TikTok; a los otros nietos, de plano, su comida se les enfría mientras sostienen el celular con ambas manos. En el comedor no hay conversaciones, no hay palabras ni interacción familiar; cada uno está “en su mundo”, con el cerebro controlado por las RR. SS. Los niños son los más afectados.
En un mundo, con cerca de ocho mil millones de seres humanos, hasta octubre de 2025, había cinco mil 660 millones de “identidades de usuario”; esto significa que más de dos de cada tres personas usan las RR. SS.; cada segundo hay ocho usuarios nuevos que visitan activamente en promedio seis plataformas sociales e invierten en promedio dos o tres horas diarias; podríamos estimar que un usuario típico de Internet pasa más de un día completo despierto semanalmente utilizando las RR. SS. En total empleamos 15 mil millones de horas consumiendo contenidos en redes equivalentes a más de 1.7 millones de años en promedio de nuestra existencia.
Los testimonios y cifras importan porque, el tres de febrero, durante la Cumbre Mundial de Gobiernos desarrollada en Dubái, el presidente de España, Pedro Sánchez, anunció que prohibirá el acceso a las RR. SS. a menores de 16 años y activará otras medidas para mayor control de las plataformas digitales; incluso, se tipificará como delito la manipulación de algoritmos y la publicación de contenido ilegal; se plantean también infracciones legales a Grok, TikTok e Instagram. El gobernante aseguró que las RR. SS. ya convirtieron a su país en “un Estado fallido, un lugar donde se ignoran las leyes, se toleran los delitos y donde la desinformación vale más que la verdad”.
Intentar normar el uso y contenido de las redes para los niños no está mal, es más, debe ser aplaudido e implementarse en todos los países, porque sí es claro que el sector más vulnerable lo forman la niñez y los adolescentes; por eso, especialistas como la psicóloga educativa Shannon De Jesús destacan las consecuencias de la adicción a las redes, como déficit de atención, impulsividad, conductas suicidas, problemas emocionales y de autoestima y dificultades para conciliar el sueño; y aseguran que invertir horas frente a las pantallas a temprana edad fomenta la desconexión con el tiempo presente y mantiene a los usuarios “atrapados en un scroll infinito que interfiere en su desarrollo personal, social y emocional”.
Las RR. SS. generan aislamiento social y provocan la pérdida de las habilidades comunicativas que el ser humano debe desarrollar; se han convertido en un acceso a adicciones como la pornografía, las apuestas en línea o los videojuegos violentos.
El uso de las RR. SS. por los niños debe regularse mundialmente y promover políticas públicas para que infantes y adolescentes sean formados para su correcto uso y asegurarles condiciones para ello. Mientras tanto hay que educar y enseñar al pueblo a usar las RR. SS., que fueron creadas como un negocio y para incitar al consumo; debemos aprender a utilizarlas como herramientas informativas y tecnológicas y no como un vicio o adicción; por eso, regularlas se convierte en una necesidad de la sociedad. Por el momento, querido lector, es todo.








