Oaxaca de Juárez, Oaxaca a 20 de enero 2026.- Lejos de un ejercicio ciudadano, la dirigencia estatal lo calificó como una “simulación de mandato” pensada para legitimar a un gobierno en desgaste, mientras los problemas de fondo permanecen intactos.
La presidenta del partido, Carmelita Ricárdez, fue directa: la revocación avanza de manera atropellada, sin tiempos razonables, sin formas democráticas y sin sumar a la ciudadanía. A cinco días de la jornada, dijo, el proceso sigue sin información clara y se construyó desde el poder, no desde el consenso social.
El señalamiento fue reforzado por Edwin Vásquez, quien describió la revocación como una burla institucional. Recordó que se intentó excluir a los partidos políticos y que sólo tras una resolución de la Sala Superior del Tribunal Electoral se permitió su participación. Aun así, subrayó, apenas un día antes se informó cómo operará la jornada. “Nadie sabe dónde estarán las casillas”, advirtió, anticipando un ejercicio que nace bajo la sombra de la simulación.
Para Heliodoro Díaz, el problema es estructural. Habló de un proceso “secuestrado” por el gobierno, con presiones a autoridades municipales para cumplir cuotas de votos y sin responsables visibles. Enmarcó estas prácticas en un gobierno incapaz, atravesado por el nepotismo, y recordó que Oaxaca registra uno de los mayores números de homicidios del país, en contraste con el discurso oficial de estabilidad.
El secretario general del PRI Oaxaca, Jesús Madrid, calificó la revocación como un invento populista para tapar un gobierno fallido con una elección simulada. Señaló que los recursos públicos destinados al proceso podrían atender el deterioro de las carreteras estatales, visibles —dijo— para cualquiera que recorra el estado.
Desde el Organismo Nacional de Mujeres Priistas, Araceli Maldonado cuestionó el dispendio en propaganda y desechos, en un contexto de carencias sociales. El mal gobierno, afirmó, no sólo deja de apoyar, sino que agrava el daño.
Ricárdez puso rostro regional al descontento al denunciar el abandono turístico de la Costa, particularmente Huatulco, con espacios públicos descuidados y una carretera costera en condiciones deplorables, así como el rezago del Istmo, donde comunidades acumulan años sin obras. El hartazgo social, sostuvo, ya es generalizado.
El PRI anunció que vigilará cada casilla para evitar el acarreo y exigir transparencia, como respuesta al cansancio ciudadano frente a la corrupción, la inseguridad y los malos resultados. La revocación, insistieron, debería servir para remover a malos gobernantes, no para blindarlos.
El cierre elevó el tono al plano nacional. Ricárdez advirtió que la reforma electoral impulsada por Morena es un golpe directo a la democracia y un intento por borrar a la oposición, conocida ya como la “Ley Maduro”. Afirmó que eliminar contrapesos y debilitar al árbitro electoral responde a la urgencia de un gobierno que pierde popularidad. En ese marco, refrendó su respaldo al presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno, alineándose con sus posicionamientos en defensa del pluralismo.
La pregunta final persiste: ¿puede llamarse democrático un proceso organizado a contrarreloj, sin información clara y bajo sospecha de intervención oficial? La exigencia del PRI Oaxaca fue concreta: rendición de cuentas y un alto a la simulación antes de que la desconfianza termine por vaciar de sentido a la revocación de mandato.










