La Presidenta de México declaró que, en la supuesta “reducción” de la pobreza recientemente reportada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, “el modelo (económico) funciona porque redujo la pobreza y la desigualdad debido al aumento del salario mínimo, a los programas sociales y al acceso a los derechos”. Las afirmaciones de la autoridad política nacional pesan considerablemente sobre los mexicanos y, por tal motivo, Claudia Sheinbaum sería poco cuestionada; sin embargo, los tres aspectos asumidos como “anclas salvadoras” de los cerca de 100 millones de pobres podrían contraponerse a otros indicadores que sí cuestionan las cifras presentadas en Palacio Nacional, donde se contabilizan unos 13.4 millones de mexicanos que dejaron la pobreza entre 2018 y 2024.
Pero, ¿qué sucede realmente en nuestro país? ¿El modelo sí está funcionando para cimentar la economía como estableció la mandataria? ¿La economía mexicana está atacando la miseria y desigualdad de las familias? El sufrimiento, el dolor y la tragedia, que se viven diariamente, suplen cualquier fantasía morenista de que la pobreza y desigualdad están desapareciendo.
El modelo en México no funciona porque la economía se encuentra estancada, porque anualmente creció apenas 0.8 por ciento promedio entre 2018 y 2024; y el Producto Interno Bruto per capita resultó negativo. En los primeros meses de este año, los indicadores principales de la actividad económica reflejaron debilitamientos; y en el primer trimestre, la economía apenas evitó una recesión técnica cuando registró un crecimiento de 0.2 por ciento durante tres meses tras haber caído 0.7 en el cuarto trimestre de 2024. Las proyecciones para lo restante de 2025 muestran un panorama desalentador con apenas un aumento cercano a 0.2 por ciento; pero organismos internacionales plantean una reducción de 0.3 y 0.4 por ciento.
El indicador más alarmante proviene de la inversión fija bruta que, desde septiembre, muestra caídas constantes; y en el mes de abril fue más notorio su descenso, al disminuir 9.1 por ciento en maquinaria y equipo; esta tendencia responde a factores de incertidumbre económica, falta de certeza jurídica, inseguridad y un ambiente fiscal restrictivo; si no se nota certidumbre, la inversión productiva no se impulsa; asimismo, la inversión pública cayó 24 por ciento, cifra no observada en los últimos 30 años.
Otro reflejo de una economía sin desarrollo radica en la caída del empleo formal; en los primeros seis meses de 2025 se crearon 87 mil 207 puestos laborales registrados en el Instituto Mexicano del Seguro Social, cifra inferior al promedio mensual de 100 mil requeridos para alcanzar los 1.2 millones de empleos necesarios anuales para absorber a quienes se integran al mercado laboral; además, si comparamos la cifra de 2024, correspondiente a 295 mil 58 empleos creados, existe una caída de 70.4 por ciento.
Los indicadores citados y el reciente análisis titulado ¿Derechos o privilegios? Una mirada a la ENIGH 2024 desde las desigualdades, realizado por el Comité de Oxford para el Alivio de la Hambruna-México y el Instituto de Estudios sobre la Desigualdad, en el que los autores refieren que el incremento en los ingresos de los hogares mexicanos no impide que la desigualdad y la pobreza representen el principal problema; también en el acceso efectivo a derechos como la educación, salud, vivienda, alimentación, etc.; e igualmente con los derechos a una infraestructura social como el transporte público y la atención en hospitales y clínicas, se muestran deficiencias. El análisis destaca que “el acceso a derechos sigue profundamente condicionado por el nivel de ingreso” de las familias.
La brecha entre ricos y pobres es el verdadero problema; o, ¿cómo explicamos el hecho de que las personas del uno por ciento más rico ganan 442 veces más que las personas de los hogares más pobres o que los hogares del 10 por ciento más rico obtienen 140 mil 998 pesos mensuales, mientras que el 10 por ciento de los hogares más pobres gana apenas dos mil 168 pesos al mes, es decir, 72 pesos por día?
La desigualdad y la pobreza en México permanecen como los principales problemas y solamente se resolverán cuando gobiernen políticos que salgan del pueblo e implementen un modelo económico que cree fuentes de trabajo para todos, se eleven realmente los salarios mediante una política fiscal progresiva, donde paguen más los que tienen más y se ejecute una verdadera reordenación del gasto público invirtiendo en obras y servicios. La tarea del pueblo radica en llevar a quien tenga la capacidad de implementar estos cuatro aspectos al poder político. Por el momento, querido lector, es todo.