Cientos de habitantes del Área Metropolitana de Guadalajara se movilizaron este domingo desde la emblemática glorieta de La Minerva con dirección a Casa Jalisco para exigir una solución definitiva al desabasto y a la mala calidad del agua potable en la entidad. La protesta ciudadana, convocada de forma pacífica, concluyó en intentos de bronca y momentos de lo que calificaron como represión sobre el perímetro de la residencia oficial del gobernador Pablo Lemus, donde elementos de seguridad pública montaron un cerco antimotines para impedir el paso del contingente.
Al arribar a las inmediaciones del inmueble oficial, manifestantes de la primera línea comenzaron a derribar vallas metálicas y a lanzar pintura, piedras, bolsas con residuos y agua sucia contra el cerco policial. Los agentes respondieron accionando mangueras de agua a presión y dispersando gas lacrimógeno para replegar a los inconformes, lo que provocó una estampida de los asistentes hacia calles aledañas, personas con afectaciones en vías respiratorias, lesionados por golpes y la detención de varias personas involucradas en el choque.
El reclamo de las familias jaliscienses se centra en los constantes reportes de agua turbia, con sedimentos amarillentos y fétidos olores que salen de las tuberías domésticas desde hace varios meses. Con consignas como (¡El agua es un derecho, no un privilegio!) y (¡Queremos agua limpia!), los colonos expusieron que los gastos adicionales en garrafones, filtros y pipas privadas se han vuelto insostenibles para la economía de los hogares, mientras las tarifas del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado continúan cobrándose de manera regular.
Detrás del primer frente de confrontación, una segunda franja de vecinos permaneció apostada sobre las banquetas sosteniendo mantas y recipientes con muestras del líquido descolorido que reciben en sus domicilios. Los ciudadanos denunciaron que el uso cotidiano de esta agua genera problemas dermatológicos y temores fundados sobre riesgos sanitarios, exigiendo auditorías públicas a las redes hidráulicas, mantenimiento inmediato y claridad técnica respecto a los problemas operativos que impiden una distribución adecuada.
La zona de Casa Jalisco se mantuvo bajo un fuerte despliegue de seguridad con patrullas y elementos antimotines vigilando los cruces viales, mientras los grupos de manifestantes terminaban de replegarse ante la persistencia de gases en el ambiente. La movilización dejó patente el malestar generalizado en diversas colonias de la zona metropolitana, donde los afectados demandan un compromiso formal de las autoridades estatales para garantizar agua salubre y de calidad para toda la población.
