Oaxaca enfrenta una paradoja cruel: mientras los precios de bienes y servicios básicos crecen al ritmo más alto del país, los ingresos de los hogares permanecen estancados.

De acuerdo con los datos más recientes del INEGI y del Observatorio Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), en la primera quincena de abril de 2026, Oaxaca registró la inflación más alta del país con un 5.8%, superando incluso a polos turísticos y fronterizos, lo que ha encarecido la vida en una de las regiones con menores ingresos por habitante.

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El problema no es solo el alza de precios, sino la incapacidad estructural del mercado laboral para ofrecer una salida.

En Oaxaca, la persistencia de la pobreza laboral supera el 70%, una cifra que rebasa por mucho el promedio nacional del 65.7%.

Esto significa que siete de cada diez hogares que ya se encontraban en situación de pobreza al inicio de 2025 no han logrado mejorar su condición un año después.

Para estas familias, el trabajo diario no se traduce en movilidad social, sino en una lucha constante para alcanzar una canasta alimentaria que, debido a la inflación, se vuelve cada vez más inalcanzable.

Esta combinación de factores sitúa a Oaxaca como uno de los estados que más contribuye a la persistencia de la pobreza a nivel nacional.

Mientras entidades del norte y centro del país muestran una recuperación en la movilidad social, el sur permanece atrapado en un ciclo donde la carestía asfixia cualquier intento de progreso económico.

Los expertos señalan que, de no implementarse políticas que atiendan específicamente esta disparidad de precios y fomenten empleos mejor remunerados, Oaxaca corre el riesgo de consolidarse como una zona donde la pobreza no es una circunstancia pasajera, sino algo permanente.