La conmemoración del Día del Trabajo en la capital oaxaqueña se transformó en un escenario de confrontación y fuego cuando miles de burócratas marcharon sobre las calles del centro de la capital para manifestar su rechazo a los acuerdos pactados entre su dirigencia sindical y el Gobierno del Estado.

La movilización, que estuvo marcada por conatos de bronca con presuntos grupos de choque denominados “comisiones de vigilancia”, culminó frente al Palacio de Gobierno con una quema masiva de gorras y playeras oficiales, acto simbólico con el que los empleados declararon la ruptura con sus representantes.

Los sindicalizados rechazan el bono de 3 mil pesos entregado vía nómina, el cual fue diseñado para amortiguar el impacto de los descuentos fiscales y las irregularidades detectadas en el Impuesto Sobre la Renta (ISR).

Los manifestantes calificaron esta medida como un “fraude” y una simulación, exigiendo que cualquier beneficio se aplique de manera directa al salario base para garantizar su permanencia y legalidad, al denunciar que un “apoyo” condicionado no resuelve la problemática de fondo que afecta el patrimonio de más de once mil 500 trabajadores.

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Durante la protesta, las voces de la base trabajadora señalaron directamente a su líder, Carmen Zárate, de traicionar los intereses del gremio al negociar a espaldas de la asamblea y evitar la transparencia informativa.

Los inconformes aseguraron que el hartazgo está al límite debido a la falta de democracia interna y la represión de la crítica, por lo que hicieron un llamado enérgico al gobierno estatal para desconocer a la actual dirigencia, a la que acusan de representar únicamente a una pequeña cúpula y no al grueso de la fuerza laboral del estado.